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Experiencia y juventud

 

VI Grupo del Programa misión ad gentes en Davao

Cmi

13/02/2009: Filipinas

Al iniciar el programa Misión ad gentes, alguien preguntaba: ¿Dónde están los hermanos jóvenes? Porque en los primeros grupos que vinieron a Davao, la mayoría de los participantes eran hermanos de edad madura. Pues bien, ahora se está respondiendo a la pregunta. “¡Aquí estamos!” nos dicen los grupos V y ahora el MAGOP VI, que está formado en su mayoría por hermanos jóvenes. En nuestro grupo, Max y Pietro son los “veteranos” de corazón joven, que brindan al grupo la riqueza de muchos años de experiencia y sudores en el trabajo apostólico, pero el resto del grupo está formado por Andrew, 43 años, y todos los demás entre 24 y 40: César (39), Ramón (36), Natalino e Ismael (31), Pedro (27), Marcos (25) y Edilson (24). Así pues, el presente grupo de participantes en el programa de Davao bien puede ser descrito con las palabras “Experiencia y Juventud”, pero en todos podemos constatar un deseo inmenso de realizar el sueño de Marcelino; en todos encontramos también la apertura, profundidad y seriedad para comprometerse en este programa de discernimiento, y la “garra” para dejarse llevar por el Espíritu por donde Él quiera.

Estamos en la mitad de la cuarta semana de actividades y el entusiasmo es evidente. La participación es activa y alegre, el bullicio no falta, y es estimulante observar el ambiente de oración personal y la creatividad de la oración comunitaria que existe en el grupo.

Por supuesto que los retos tampoco faltan. La naturaleza y el ritmo del programa nos piden hacer un alto al estilo de vida que hemos llevado hasta ahora. No es fácil cortar por lo sano con una vida llena de actividades y salpicada con las relaciones de familiares, amigos, colaboradores, alumnos. Tampoco es sencillo romper con un cierto nivel de privacidad al que estamos acostumbrados. Aquí en Davao, las mañanas las pasamos en sesiones que tratan de diversos temas y las tardes son libres para dedicarlas al trabajo personal. Y son muchos los momentos, tanto de las mañanas como de las tardes, en donde tenemos que compartir, no sólo ideas y experiencias sino también nuestros sentimientos, pensamientos, batallas y sueños más íntimos.

Los retos son diversos: organizar eficientemente el tiempo personal; enfrentarse con uno mismo con sinceridad y honestidad en los largos momentos en los que tenemos que encontrarnos con el, a veces turbulento, silencio interior; arriesgarse a desvelar la propia intimidad para encontrarse a fondo con los hermanos, con todos ellos; estar atento a lo que el Señor nos está pidiendo y dejarnos tocar por las experiencias de los demás, tanto de casa como con las personas y acontecimientos que encontramos fuera de ella; ir discerniendo cuál es la voluntad de Dios en nuestras vidas; empezar a romper las formas acostumbradas de relacionarnos con familiares y amigos; enfrentar el reto de construir una vida de comunidad más fraternal, más intensa en el diálogo y la colaboración, más inclusiva en el alcance... y a todo esto, se suma el reto de aprender a vivir en otro país, distinto en su historia, en su cultura, en sus alimentos, en su mentalidad y, al mismo tiempo, tratar de aprender, entender y valorar las diferencias personales de carácter, edad, historia, mentalidad y visión de los hermanos con los que compartimos esta experiencia.

Mucho se asemeja esto al tiempo de noviciado.... y no cabe duda de que veraderamente lo es. Por eso, necesitamos de su apoyo y de sus oraciones. Sabemos que muchos hermanos y muchas otras personas rezan por nosotros y lo agradecemos de corazón. Somos concientes de que no somos sino los portadores de la generosidad y grandeza de corazón de todos ustedes que han hecho y siguen haciendo posible el que nosotros podamos responder aquí a este llamado que Dios nos está haciendo a todos a ser verdaderamente sus testigos hasta los confines del mundo. Y somos concientes de que “llevamos este tesoro en vasijas de barro”, pero también de que “Su fuerza se manifiesta mejor en nuestra debilidad”. Los llevamos a todos en el corazón. Estén seguros de que los recordamos y rezamos por ustedes con frecuencia. Y, en medio de todo esto, podemos “dar gracias a la vida, que me ha dado tanto...”

Un saludo y un recuerdo cariñoso y agradecido para todos desde Davao.

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