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Experiencia con niños ciegos en el colegio San Marcelino, San José Obrero, Sullana

 

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21/09/2018: Perú

 

Desde el Perú, Provincia Santa María de los Andes, el H. Bernardino Pascual Juárez (H. Nino) condivide un texto sobre la esperiencia que hacen los Maristas con niños ciegos, en su colegio San Marcelino, San José Obrero, Sullana-Perú. Abajo encuentran su texto.

“En esta escuela, los ciegos ven”
 “Sólo se ve bien con los ojos del corazón”. (Principito)

Como hermano marista, siempre me he identificado con esos impulsos, deseos, llamados y alegrías que el Padre Champagnat manifiesta en la carta Nº 323, en la que, con amor, expresa efectiva y afectivamente la acogida de tantos niños y jóvenes que puntualmente son diferentes del resto de los demás niños. Su corazón, en esas circunstancias, palpitaba con ritmos especiales vibrantes y acompasados.

“Señor y querido Cohermano:

 “…hemos acogido con satisfacción la propuesta que usted nos hace de enviar dos Hermanos para dirigir una escuela de sordomudos en su ciudad. Encaja perfectamente en el plan de nuestra institución, entregada por completo a la educación de los niños sea cual sea la situación en que se encuentren…; dichosos de nosotros si nuestros Hermanos, llamados a instruir a esta porción del rebaño de Jesús Cristo, que reclama por tantas razones la solicitud de las personas caritativas, se hacen más y más dignos de tan ejemplar ocupación…”

“Sírvase aceptar el homenaje del gran afecto con el que tengo el honor de ser, señor y querido Cohermano, su más humilde y obediente servidor.”
Champagnat

…y es que, leyéndola sin prisa, pero sin pausa, siento en mí que su afán era “hacer real lo que tantas veces el Evangelio hace expreso con las actitudes de Jesús”: paralíticos, enfermos, sordomudos, ciegos…El Evangelio muestra un Jesús que “pasó por el mundo haciendo el bien sin mirar a quien”.(cf.Mac.7: 31-37)

¿Algún lector de ustedes ha tratado de penetrar en la intimidad e interioridad de un ciego?: ¿sentir, callar, escuchar, actuar, -tratar de ver-?; es difícil, no imposible, pero importante.

En esta escuela de San Marcelino, San José Obrero, Sullana-Perú, somos varios los maestros que a diario “convivimos” con la realidad de la ceguera en algunos de nuestros “hijos”, a quienes de verdad queremos con caridad y con “orgullo” como regalo de Dios en nuestras vidas.

No voy a conversar con y sobre los ciegos y ciegas de nuestra Institución, que suman ocho, pero sí de quienes, con espíritu de San Marcelino, día a día, se han integrado con ellos para ser parte de su vida; sí, parte de su vida. Compañeros que, minuto a minuto, les hacen la vida más placentera y alegre, sumándose a la misión de dar la oportunidad a quien no la tiene.

He dialogado con los “lazarillos”, “los guías”, “los ojos” de cada uno mientras les acoge el colegio. Son compañeros de su misma edad: desde quince hasta siete años. Les he hecho preguntas sin que sus acompañados invidentes lo supieran y con mucha sinceridad y cariño, me han sorprendido las coincidencias en sus respuestas. Omito los nombres de cada uno.

¿Cuánto tiempo hace que acompañas y guías a tus compañeros? La respuesta: un año y medio, dos años, tres años, cuatro años, siete años, ocho, años, nueve años de vida juntos. Respuestas con rumor a generosidad y dignas de ser archivadas en estas páginas sueltas.

*¿Cómo te sientes cuando estás con ellos? Con sencillez despliegan su generoso corazón juvenil. -“Alegre, ya que, al ayudar en su dificultad, siento gran satisfacción en mí; ayudo a alguien que tiene discapacidad, para que no se sienta sola y alegro su día, importándome mucho su amistad y bienestar. Yo mesiento segura, porque ella es mi confidente en las cosas personales; es mi respaldo, mi consejera, mi hermana, la quiero mucho y me hace feliz; no me ve, pero me siente y siente mi alegría. Tranquila, me inspira paz y confianza, además me da muchas alegrías y compartimos alegrías, tristezas, molestias. Es la persona más linda en toda mi corta vida”.

No son adultos, son niños y adolescentes que han tomado en serio las palabras de Jesús: “lo que hacéis con uno de estos pequeños a mí me lo hacéis”. (cf. Mateo 25, 40)

*¿Alguna vez has pensado que en definitiva tú eres “sus ojos”?

Pregunta respondida con espontaneidad y muy cargada de satisfacción. ¡Qué bellas respuestas!; todas afirmativas: sentirse los ojos de otro, “ser el otro”.

- “Sí, ya que yo la llevo a todos los lados por el colegio y siempre le enseño su camino o guío donde vaya: soy sus ojos;ella confía en mí y no piensa que la puedo fallar o llevarla por lugares con problemas. Sabe que la llevo por buen camino físico y espiritual. Sí, más de una vez siento que mis ojos son los suyos y pueda ver lo hermoso de nuestro colegio y la bondad de todos; yo leo, hablo  y ella aprende.”.

Pero hay opiniones encontradas: hay quien dice que más bien esas niñas invidentes son sus ojos, pero en otra dimensión: confianza, escucha, ternura, transparencia; eso es lo que me transmiten: ellas son mis ojos espirituales.

*Ya sabes lo que Jesús hacía con los ciegos del Evangelio: les devolvía su vista.

¿Qué es lo más importante y significativo que tú haces con tu compañera/o?

- “Le escucho sobre su vida o problemas que tenga, dando una solución y haciéndole sacar una sonrisa. Le escucho haciéndola feliz; pensamos lo mismo; conocemos nuestros gustos, hacemos lo mismo, pasamos juntas fechas importantes. Le digo que es la mejor amiga que he tenido y ella dice que soy su mejor amiga de siempre. Cuando está triste y desganada, yo le escucho, le aconsejo y sobre todo trato de sacar una sonrisa de ella; ser su compañera incondicional, y siempre lo seré, pase lo que pase; soy su hombro para llorar o para abrazar; es lo que hago; y la ayudo en las cosas que no puede hacer”.

*¿Puedes expresar algo hermoso que en algún momento te ha sucedido junto a ellas?  -“Soy feliz; sentir que soy sus ojos a diario en su caminar por la escuela me llena de felicidad. Siento en mi interior que soy importante para ella y ella es importante para mi vida de todos los días. Hemos vivido momentos juntos de alegría, de lágrimas y tristeza, nunca lo olvidaré. Hemos sido “hermanas” y amigas que hemos derribado las barreas de las dificultades que ella tiene, con su amor y con el mío: las dos somos confidentes; nos reímos, nos abrazamos…y cada día creamos momentos significativos y bellos para sentirnos felices”.

 

Sinceramente puedo decirles, amigos lectores, que en la Escuela hemos quedado maravillados del compromiso personal revelado en sus respuestas y en la solidaridad, no sólo de estos “lazarillos” especiales, en número de once, sino de los gestos de toda la población estudiantil y de maestros.

Nuestras escuelas y comunidades, diría el Padre Champagnat, deben ser una familia donde todos los miembros tienen cabida para la misión encomendada por el Dios Padre y Bueno.

Es un acto de generosidad de Dios para nosotros, ponernos en el camino estos hijos, “ángeles”, les llaman algunos, que hacen nuestra misión marista más evangélica: “los sordos oirán”, “los ciegos verán”, “los paralíticos caminarán” (Mt 11,5).Qué hermoso que lo hagan con nosotros bajo el manto de la Buena Madre y del espíritu marista de San Marcelino Champagnat.

Mi pregunta abierta:¿Los sordos, los ciegos, los hemipléjicos, discapacitados son un estorbo en nuestras escuelas? Ya se ha visto que no; todo lo contrario, desde su discapacidad son “maestros” que alientan y alimentan en el caminar diario a compañeros y profesores.

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H. Bernardino Pascual Juárez
Provincia Santa María de los Andes - Sector Perú

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