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Boletín marista - Número 157

 

Marino Primiceri
19/08/2004

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Marino Primiceri,
hermano mayor de los niños y niñas de la calle en Goma, R. D. Congo
EL CAMPO ES INMENSO Y NO PODEMOS DAR RESPUESTA A TODOS

El hermano Marino Primiceri, 58 años, nació en Casarano, Lecce, Italia. Diplomado en inglés, francés e historia por la Escuela Superior de Arlon, Bélgica. Una vez en África, ha realizado estudios de mecánico de automóvil y enfermería tropical. Después de enseñar cuatro años en Bélgica, se desplazó al Zaire, actual R. D. Del Congo como misionero. Vivió momentos difíciles durante la guerra del Congo, trabajando en las prisiones y en los campos de refugiados. Pertenece a la Provincia de Europa Centro Oeste. Actualmente trabaja con los niños de la calle en la ciudad de Goma.


¿Cómo empezó su historia con los niños de la calle?
En septiembre de 2003, el hermano Eugène Kabanguka, Provincial de África Centro Oeste, me dio libertad para elegir un campo de trabajo apostólico. De manera muy natural, me dirigí a los niños, que constituyen un campo inmenso de trabajo en la ciudad de Goma. Los salesianos atienden a 1400 niños abandonados y creo que un número similar de niños se encuentran en las calles sin atención de nadie. He escogido ocuparte de éstos últimos. Después de un período de discernimiento, el hermano Euigene que me ha dado su apoyo y me ha dicho: ¡Adelante!

Dígame cómo es la ciudad de Goma
Goma, con más de 200.000 habitantes, vive bajo las garras del miedo, sea por causa del volcán Nyiragongo, que causó estragos en su última erupción en enero de 2002 destruyendo una buena parte de la ciudad, sea por motivos de guerra, debido a la tensión entre Ruanda y el Congo. Actualmente, la situación es tensa y una de las consecuencias son los niños de la calle.

¿Qué entiende usted por niños de la calle?
Me refiero con esta expresión a los niños para los cuales la calle es su casa y su familia, su lugar de vida y de supervivencia. Son niños que no entran en las estructuras previstas para ellos por las ONGs y organizaciones religiosas. Pueden ser huérfanos y sus padres les han dejado en la calle por motivos diversos.

Tráceme un retrato robot de un niño de la calle…
Un niño de 6 a 16 años, expulsado por su familia o que se ha fugado él mismo, afronta la vida en solitario o forma parte de una pandilla, debe vestirse, comer, defenderse contra cada ataque de sus coetáneos o de la gente extranjera, incluido militares, o escapa hacia el mundo de la droga.

¿Estamos hablando de niños o también hay niñas entre ellos?
Las niñas son recuperadas frecuentemente por mamás para el servicio de la casa y más tarde pueden ser tomada como segunda mujer por parte del marido. Se trata de un problema difícil, casi insoluble, si no se crean las estructuras adecuadas. Las niñas reciben golpes de sus protectores o son alejadas de nosotros cuando nos acercamos para ayudarlas, ya que no quieren perder una esclava. Es una necesidad inmensa a la que no podemos dar una buena respuesta. Por esta razón, sólo una décima parte de niñas está en la calle. Las mayores han escogido su vida, es decir, la prostitución ocasional o de manera permanente.

Me pinta un panorama muy duro…
La realidad es todavía peor de lo que le estoy diciendo.

¿Qué hace un niño de la calle, en qué se ocupa?
Su primer trabajo es pedir, convertirse en mendigo, o buscar pequeños trabajos como llevar pesos, vigilar los coches, limpiar, vender marihuana. Si no consigue dinero, roba. Duerme en la calle, que es su lugar de trabajo, con el peligro de ser robado de otros niños mayores o golpeado por los militares. Si no consume lo que gana durante el día, corre el riesgo de perderlo en la noche. No tiene posibilidad de ahorrar porque no tiene un puesto seguro.

¿Cómo ha dado su primer paso entre estos niños?
He encontrado en algunos puntos concretos de la ciudad a estos niños, que vagaban en búsqueda de satisfacer sus necesidades primarias: calmar el hambre y ser reconocidos. Poco a poco, hablando con ellos, bromeando, ha surgido entre nosotros una simpatía, una amistad, sencilla y verdadera. Los niños no se dejan engañar en estos temas. Gracias a esta relación los niños me han expuesto sus necesidades y me han pedido medicinas, ropa, alimentos…, pero sobre todo afecto como seres humanos. Mi deseo consiste en ser su hermano, su padre, su madre…

¿Cuál ha sido su respuesta?
Hemos abierto un dormitorio en un barracón de madera para estar cobijados y protegidos del mal tiempo, del frío y de las agresiones nocturnas. Un segundo paso ha sido la alfabetización, es decir, hemos dado enseñanza a estos niños juntos con las madres del mercado, que eran robadas por ellos. Dramático y cómico a la vez. Posteriormente hemos ofrecido un plato de maíz. Este proceso nos ha permitido pedirles un trabajo como limpiar el mercado y desmenuzar piedras para la construcción. Se trata de un trabajo pagado que les garantiza educación, además de alimento y vestido.

Usted me está hablando en plural, ¿qué significa?
He tenido necesidad de colaboradores directos, que son nuestros alumnos del colegio de Bobandana, ciudad a 50 kms. de Goma, a los que les hemos dado una formación para ser educadores de calle. Son siete de esta escuela a los que se les han juntado siete más del propio lugar. Un punto muy interesante es que este proyecto llega a ser intercongregacional: salesianos, javerianos, ursulinas… Contamos también con voluntarios seglares muy comprometidos. En total ahora somos 18 efectivos en este trabajo.

¿Cómo se estructura este proyecto de intervención social?
Hemos ido nosotros a los niños de la calle y no al revés. Este punto es fundamental. Hemos creado un centro que comprende dormitorio, escuela y lugar de trabajo y de juego. Los educadores de estos niños son un grupo al menos de seis personas. Actualmente, existen cuatro centros en la ciudad que atienden a 160 niños. La escuelas abren sus puertas a 220 entre niños y mamás, que a veces acuden a clase con un niño pequeño entre sus brazos. Nuestras previsiones apuntan a tener un total de seis centros en la ciudad.

Su proyecto ¿tiene algún nombre?
Las siglas son AMC, que originalmente quiso decir “Amigos de Marcelino Champagnat”. Tiene además un segundo significado “Amis Mayibobo Chege” que, en swahili quiere decir “Amigo, Joven de la Calle”.

¿Qué relaciones tienen ustedes con las autoridades del Gobierno?
En un primer momento, llegaron a pensar que preparábamos niños para la guerra. Después se han dado cuenta que este proyecto era muy bueno para los niños. No nos han proporcionado ninguna ayuda material, pero nos han dado el permiso de trabajar tranquilamente porque reconocen que esta acción tiene una repercusión positiva en determinados barrios de la ciudad.

Imagino que su proyecto no puede autofinanciarse con el trabajo de los niños. ¿De dónde sacan ustedes dinero para llevar adelante sus servicios?
En ninguna parte del mundo los niños pagan su propia educación y por ello es natural que tengamos necesidad de ayuda económica, pese a que han voluntarios locales que colaboran con su tiempo y dedicación. Existen benefactores momentáneos, pero los primeros que nos han ayudado han sido los salesianos, los javerianos y lógicamente los maristas. También los voluntarios que, además del tiempo, han dado dinero de su propio bolsillo en manera significativa. Todo ellos nos ha permitido de llevar adelante este proyecto, que cuenta sólo 10 meses de existencia.

¿Qué aporta de particular este proyecto entre los muchos que existen para atender a los niños de la calle, presentes lamentablemente en tantas ciudades del mundo?
El campo es inmenso y no podemos dar respuesta a todos. Nosotros les proporcionamos oportunidades, les dejamos en la calle pero es en ella donde ellos con nuestra ayuda deben encontrar su propia solución. Todavía continúan robando, pero por ahora no podemos dar la solución para todos. De vez en cuando vuelven a la calle, por lo que cual regresan con mayor fuerza entre nosotros por los valores que han descubierto y por el respeto y el cariño que les damos. En este punto se ve la particularidad de nuestro proyecto.

¿Podemos hablar de resultados?
Ciertamente. La ciudad conoce el resultado de este proyecto y de muchas partes nos piden que abramos centros parecidos. Tenemos tres proyectos a pleno rendimiento, es decir con dormitorios, escuelas, trabajo que les da autosuficiencia en el vestir y comer. En todas esta situaciones cuentan con la ayuda de los educadores de la calle. La educación es el punto esencial. Estamos camino del cuarto. Hemos devuelto 40 niños a sus familias, que significa educación tanto para unos al recibirlo de nuevo como para el niño al volver a su hogar. Hemos cambiado algunos barrios ya que han desparecido casi todos los niños de la calle. Se trata de una evidencia y un factor positivo, que todos conocen.

¿Cree que esta tarea que lleva a cabo se ajusta a su vocación de hermano marista?
Pienso que Champagnat hoy daría prioridad a estos niños. Posiblemente, en este punto no ha sido bien comprendido. Tengo la impresión de ajustarme al sueño de Marcelino, así como a las Constituciones y a las llamadas del Capítulo general. Por ello, me siento plenamente realizado al dar respuesta a estos niños de la calle. Ojalá otros hermanos participen en este proyecto. ¿No pueden nacer de esta acción respuestas a llamada vocacional del Señor?

¿Cómo le ven a usted los niños de la calle?
Hemos superado el nivel de la amistad y somos una familia, tenemos una relación de hermano, de padre a hijo y también de madre a hijo. Mi mayor satisfacción y la señal de que estoy donde me corresponde.

Si alguien quiere ayudarles, ¿cómo puede hacerlo?
Ser aceptados en lo que hacemos constituye una primera ayuda. Después, encontrar gente que venga a trabajar con nosotros (“la mies es mucha y los obreros son pocos”). Quien desee colaborar económicamente, puede hacerlo a través del BIS (Secretariado Internacional de Solidaridad: solidar@fms.it; www.champagnat.org/bis), ubicado en la Casa general de Roma, que ha valorado favorablemente nuestro proyecto y ha contribuido con recursos financieros a su desarrollo.

Seguro que los niños de Goma lo agradecerán.

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