Inicio > Biblioteca > Boletín marista > Número 16 (01.04.2002)

 

 


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Emili Turú - La Valla: casa de la luz

Emili Turú
Superior general



 

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Boletín marista - Número 16

 

Feliz Pascua 2002
01.04.2002

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El hermano Seán, Superior general, al finalizar la celebración de la Vigilia pascual, dirigió unas palabras de reflexión y saludo a los hermanos de la Casa general en Roma, y a los visitantes y laicos que los acompañaban. Reproducimos a continuación el texto pronunciado.

Una madre estaba preparando unos postres para el desayuno de sus hijos Fabio y Máximo, de cinco y tres años respectivamente. Pero los niños comenzaron a discutir sobre quien disfrutaría del primer pastel. La madre vio la oportunidad para darles una lección de moral.
Niños, dijo, si Jesús estuviese sentado aquí, diría: ‘que el primer pastel sea para mi hermano. Yo puedo esperar. Al escuchar estas palabras de su madre, Fabio dijo a su hermano menor: Máximo, sé tú Jesús.
¿Cuál es la lección de esta historia? y ¿qué tiene que ver con la Pascua? La respuesta a estas dos preguntas es muy sencilla. La historia y la fiesta que celebramos hoy nos recuerdan que para ser discípulos de Jesús, debemos pagar un precio. Sí, para ser discípulos de Jesús, debemos ser responsables de todo lo que es importante en la vida.
Marcelino Champagnat comprendió muy bien este hecho. Aunque otros estuviesen contra él, él insistió en proclamar la Palabra de Dios a los niños pobres, y lo hizo con un fuego, con una pasión y con una determinación que han ayudado a cambiar el mundo.
Nosotros debemos hacer lo mismo hoy: proclamar la Palabra de Dios - alto y fuerte- a los niños pobres y a los jóvenes. Como Marcelino, debemos hacerlo con fuego y con pasión. ¿Con qué resultado? Esperemos que con un profundo cambio personal de corazón y la transformación del Instituto.
Por tanto, no imitemos al Fabio de nuestra historia, pero, al contrario, seamos responsables y proclamemos la Palabra de Dios -alto y fuerte- a los jóvenes pobres. Hagámoslo con valentía, con claridad y con convicción.
Diciéndolo de una manera sencilla: este año dejemos que la fiesta de la resurrección de Jesús nos exija, nos inquiete, nos impulse a la acción a favor de su Evangelio. Aceptemos su desafío.
¡Felices Pascuas!

El hermano Seán dedicó el último apartado de su intervención a dar las gracias a todas las personas que colaboraron a lo largo de la Semana Santa en los diversos servicios comunitarios.

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