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Boletín marista - Número 178

 

Colegio marista de Kalutata - Una historia de esperanza en Sri Lanka
14.01.2005

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Situada a 46 kilómetros al sur de Colombo, capital de Sri Lanka, se encuentra Kalutara, una pequeña población de pescadores. Los Hermanos Maristas llegaron a Kalutara hace 27 años para llevar a cabo lo que mejor saben hacer: educar a los niños y jóvenes. El tsunami que golpeó a Sri Lanka y muchos otros países de la región en la mañana del 26 de diciembre de 2004, acabó con la vida de más de 150.000 personas, dejó a millo-nes sin casa y destruyó centenares de pequeñas poblaciones como Kalutara.

“Holy Cross” es el nombre del colegio maris-ta en esa población, y cuenta con 1.600 es-tudiantes, todos varones, cuyas edades osci-lan entre 6 y 19 años. En palabras del H. Michael de Waas, provincial de Sri Lanka y Pakistán, “algunos profesores y alumnos de nuestro colegio en Kalutara se han visto afectados por el tsunami. Todavía no tene-mos números exactos, pero ya sabemos que al menos 7 de nuestros colaboradores han perdido sus propiedades, sea total o par-cialmente. Estamos ahora tratando de identi-ficar algunos de nuestros estudiantes, que sabemos se encuentran en campos de refu-giados, ya que la mayoría lo han perdido absolutamente todo. Nuestra comunidad de Hermanos, bajo la guía del H. Ranjith, Direc-tor del colegio, y juntamente con los profeso-res, trabajan para ayudar a ambos grupos. Mi impresión es que el colegio necesitará un plan de apoyo a largo plazo para las vícti-mas y los supervivientes. La Asociación de Antiguos Alumnos está trabajando codo a codo con los Hermanos”.
El año pasado, para poder atender al cre-ciente número de estudiantes que quería ir al colegio marista, se creó una nueva sec-ción de “Holy Cross” en Payagala, a pocos kilómetros de Kalutara, empezando con los dos primeros cursos de primaria (120 niños). Esta sección, que se encuentra muy cerca de la playa, ha sido destruida casi comple-tamente. El H. Sales, profesor en “Holy Cross”, explica: “cuando las gigantescas olas llegaron a la escuela, las paredes cedieron, el tejado se vino abajo y cuanto estaba de-ntro desapareció: mesas y sillas, material escolar, libros… Afortunadamente todo ocu-rrió en un día en que la escuela estaba ce-rrada, de lo contrario muchos de nuestros estudiantes hubieran muerto”.

El H. Mervyn Perera, viceprovincial, que ha pasado unos días en nuestra Casa General como miembro de la Comisión preparatoria de la Conferencia General, cuenta que algu-nos días después de la destrucción ocasio-nada por el tsunami, los Hermanos en Kalu-tara reunieron a profesores y alumnos para saber cómo estaban y ayudarles a compartir su vivencia de los terribles acontecimientos que habían tenido lugar poco antes. Proba-blemente unos 400 de nuestros estudiantes de Kalutara y Payagala se han visto afecta-dos de alguna manera. “No sabemos mucho sobre los que no estuvieron en la reunión. Algunos quizás se trasladaron hacia el inter-ior con sus familias, otros quizás estén toda-vía intentando localizar a personas queridas de quienes no se sabe nada”.

Anticipando el inicio de las clases, los her-manos y profesores distribuyeron uniformes y otros materiales escolares. Cuando la reu-nión se terminó, todos ellos, estudiantes y profesores, dedicaron un tiempo a ayudar a las personas de los alrededores, limpiando cuanto el agua había destruido. “Tenemos que abrir la escuela y empezar las clases lo antes posible. Creemos que la vuelta a la rutina cotidiana nos aportará un sentido de normalidad y ayudará a superar el miedo intenso que tantos sienten todavía. Nunca había ocurrido nada parecido a esto en Sri Lanka. Todo nos resulta absolutamente nuevo”.
La intención es empezar las clases el día 10 de enero. El H. Mervyn añade: “no sabemos todavía dónde vamos a reunir a los alumnos de la sección de Payagala… quizás en la iglesia que está al lado, o fuera, bajo los árboles, o en tiendas, pero quisiéramos em-pezar de todos modos el día 10”.

Carol Bellamy, directora ejecutiva de UNI-CEF, después de visitar las zonas afectadas de Sri Lanka, identificó las siguientes priori-dades en relación a la situación de los niños en esas áreas: mantenerles vivos; atender a aquellos que se encuentran solos; proteger-les de toda posible explotación, y que pue-dan ir a la escuela lo antes posible, forman-do al profesorado y trabajadores de la salud para atenderles adecuadamente. Esto es lo que se necesita, dijo Bellamy, “si queremos dar una oportunidad de supervivencia a esta generación devastada por el tsunami”.

A propósito del papel de las escuelas en estos momentos de recuperación, Bellamy añade: “Ninguna señal de esperanza será tan fuerte como la reconstrucción y la re-apertura de las escuelas. Si los niños se encuentran en un contexto de aprendizaje, eso les aportará algo positivo en lo cual cen-trarse, y permitirá que los adultos puedan dedicarse a las tareas de reconstrucción con mayor confianza”.

De acuerdo con informes recientes, alrede-dor de 200 escuelas se han visto severa-mente dañadas en Sri Lanka. Nuestro cole-gio “Holy Cross” es uno de ellos. “La recons-trucción de los edificios de Payagala vendrá más tarde. Lo que ahora nos urge es encon-trar un lugar alternativo para empezar las clases”, dice el H. Mervyn. Al preguntarle por las necesidades más apremiantes, el H. Mervyn responde: “Necesitamos libros, cua-dernos, lápices, mesas, sillas, pizarras, uni-formes… y necesitamos, además, formar a nuestros profesores para que puedan ayu-dar adecuadamente a los alumnos a sobre-llevar lo que ha ocurrido… necesitamos mu-cha ayuda, pero empezaremos ciertamente por reunir a nuestros alumnos y ofrecerles lo mejor de nosotros: educarles para un futuro mejor”.

Reportaje fotográfico

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