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Boletín marista - Número 180

 

En diálogo con el hermano Sergio Vázquez Mora, de la Provincia de México Occidental, que vive en África desde 1985
03.02.2005

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Entrevistador: Hermano Onorino Rota


¿Por qué en Tanzania?
En 1976, el Hermano Basilio Rueda dirigió una invitación a los Hermanos para que se ofrecieran voluntarios para desarrollar su apostolado en lo que llamaban entonces países de misión. Tenía 30 años y muchas ganas de trabajar por el Reino. Me ofrecí inmediatamente como voluntario para ir a vivir al país que el Superior General me indicase. Sin embargo, tuve que esperar varios años antes de que se cumpliese mi deseo. Había quien hablaba de olvido de los hombres, pero yo siempre he preferido pensar que Dios tiene sus caminos y sus tiempos. La respuesta no me llegó hasta 1985. Partí para el Congo, después fui a Ghana y, desde 1992, estoy en Tanzania.

¿Por qué Tanzania?
La Provincia de México Occidental decidió en ese tiempo ampliar su campo apostólico fundando una misión propia en Tanzania; por tal motivo fui allí. Ahora bien, en Tanzania, que pertenece a la Provincia de África Centro-Este, hay dos comunidades: Mwanza, que es la sede del postulantado interprovincial, y Masonga, que es una escuela profesional técnico-agrícola. Yo estoy en Masonga y trabajo en la escuela con otros 3 Hermanos Maristas.

¿Qué nos puede decir de la realidad escolar de Tanzania?
Tanzania conoció un cierto desarrollo en su sistema educativo, pero, a partir de los años 80, ha sufrido un dramático cambio de rumbo. Actualmente, una buena parte de la población sabe leer y escribir y habla algo el inglés. El sistema educativo prevé 7 años de primaria, 4 de secundaria, 2 de preparación a la universidad. Es un largo camino que no consigue terminar el 70% de los jóvenes. Los profesores son pocos y, en las zonas rurales, la ratio entre profesores y alumnos es de 1 a 100. Las dos lenguas oficiales, que se usan también en la escuela, son el swahili y el inglés. Este último es muy importante para quien quiera proseguir los estudios, pero actualmente muchos profesores no lo hablan correctamente. Además de profesores, faltan aulas, pupitres,... por no hablar de laboratorios o instalaciones deportivas. El material didáctico se componeo de uniforme, zapatos, cuadernos, bolígrafos … y corre a cargo de las familias. Es un gasto que ronda los 50 € al año, equivalentes al sueldo mensual de un obrero. Hay que recordar que la renta per capita está entre las más bajas del planeta (el 40% de la población vive con menos de un dólar al día) y que los intereses de la deuda externa superan ampliamente la cifra destinada a la Educación y la Sanidad, que es de 2 € al año por habitante.

¿Qué nos puede decir de la enseñanza religiosa?
La realidad de Tanzania es compleja. Tiene más de 36 millones de habitantes, divididos en 120 etnias. Desde el punto de vista religioso, el 35% son musulmanes, el 30% son cristianos y el 35% practican las religiones tradicionales. Hay una escasez general de personal para la enseñanza religiosa, hasta el punto de que no se imparte en la mayoría de las escuelas. Por ello, una de las actividades más importantes es ofertar animación religiosa fuera de nuestra escuela.

¿Puede aclarar esa afirmación?
Yo soy profesor de inglés y esto es a lo que me dedico principalmente en la escuela de Masonga. Concentro mis lecciones en 3 días de la semana. Los otros días, mi actividad se desarrolla fuera de la escuela, haciendo de capellán de la diócesis. En la práctica, intento hacerme presente en las 52 escuelas de la diócesis y sembrar el bien.
¿Cómo se puede organizar un trabajo pastoral en 52 escuelas dedicándoles 3 días a la semana?
La diócesis tiene pocos sacerdotes y los jóvenes son muy numerosos, como en casi todos los países africanos. El cristianismo no tiene una tradición enraizada en la gente y, en la mayor parte de los casos, mi tarea consiste en pre-evangelizar. No hay un programa, no hay estructuras, únicamente hay jóvenes, son los Montagne de hoy. Mi trabajo asume facetas variadas según el ambiente en que me encuentre. Unas veces, imparto formación religiosa; otras, organizo cursos de educación sanitaria; alguna que otra vez, me limito a organizar actividades deportivas... Lo que palpo es la sed de autenticidad que tienen estos jóvenes, pero también la facilidad con que la sacian frecuentemente en fuentes contaminadas.
Esto se ve, sobre todo, entre los jóvenes que no van a la escuela, y que, desgraciadamente, son muchos. Entre estos, el porcentaje de enfermos de SIDA es del 30-40%; a menudo, practican la poligamia y la promiscuidad, no tienen valores o modelos de referencia... Veo difícil y hasta me parece excesivo hablar de evangelización en ese caso. Me contentaría con que alcanzaran un buen nivel de humanización. Desgraciadamente, muy pocas personas se preocupan de ellos, y casi nadie lo hace de manera sistemática.

El apostolado que desarrolla es vasto y comprometido. ¿Le ayuda alguien? ¿Está preparando el terreno para que alguien pueda ayudarle o sustituirle?
Me doy cuenta de que la misión que desempeño es fatigosa, en parte porque las escuelas están distantes entre sí y tengo que hacer muchos kilómetros por caminos impracticables para llegar a ellas. Pero estoy convencido de que vale la pena comprometerse en este tipo de trabajo y espero que otros, después de mí, puedan continuar lo que estoy haciendo y ampliar el campo de acción. De momento, estoy trabajando para hacer surgir líderes a nivel diocesano. Muchas veces son voluntarios animados de buena voluntad, pero sin formación, con poquísimos recursos y sin la posibilidad de apoyarse en una tradición o, al menos, en alguien que les guíe. Es el drama y el desafío de toda iglesia naciente. Pero en este apostolado, me siento en sintonía con el P. Champagnat, que invitaba a los Hermanos a ser sencillos sembradores, dejando a otros la alegría de la cosecha.

¿Cómo vive esta experiencia?
Frecuentemente, durante la jornada, percibo el gozo y la belleza de ser Hermano Marista, ya sea cuando estoy en la escuela o haciendo de capellán. Ese sentimiento me da la serenidad y las fuerzas para seguir adelante.
Otra realidad que me acompaña a menudo es la presencia de Dios, de ese Dios que me acompaña en los interminables kilómetros de la selva o cuando me veo en medio de los problemas que la gente tiene que afrontar cada día. Dios está ahí, me precede, me acompaña y siempre me sorprende. Agradezco a Dios todo lo que me ha dado y le confío mi futuro. Sus proyectos serán seguramente mejores que los míos.

¿Hay algún hecho curioso que le haya marcado en estos años?
Sí, me sucedió un hecho muy curioso. Llegué a Tanzania con una hernia de disco. Sufría dolores, pero, sobre todo, me impedía moverme con libertad, especialmente aquí, en Tanzania, donde uno se desplaza a menudo en moto, por carreteras que, naturalmente, no están asfaltadas.
Sufrí un accidente muy grave. Me rompí las piernas, las costillas, perdí todos los dientes…, pero no he vuelto a sentir ningún dolor en la columna vertebral, de modo que ahora puedo corretear con la moto como quiero.

Gracias, Hermano Sergio, por su testimonio.
Que el Señor y la Buena Madre hagan fructificar el trabajo apostólico que usted y los Hermanos de las comunidades de Tanzania desarrollan en favor de la juventud de ese país.

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