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Boletín marista - Número 196

 

Hermano Emilio Rubiolo, de la comunidad de Tacuarembó, Uruguay
19.05.2005

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Abrimos la página web de los Hermanos Maristas de Uruguay y nos encontramos esto: Ven con nosotros y vive tu vocación cristiana como misionero educador. Entre los niños y los jóvenes menos favorecidos. Al estilo de María seguimos a Jesús en la misión de rescatar la dignidad sagrada de cada hermano nuestro. Comunícate con nosotros y empezaremos a caminar juntos. Esto lo hemos hecho entrevistando al Hermano Emilio.

Hermano Emilio, Vd. es un hermano marista. ¿Cuál es el origen de su vocación?
En el origen de toda vocación está el llamado divino dirigido personalmente para realizar la finalidad o destino de su existencia. En mi caso de Hermano Marista no excluyo una cantidad de factores motivadores del llamado. Unos son casuales o humanamente fortuitos. Los hay providenciales. Están determinantes sociales, sicológicos, materiales, etc.
En mi caso influyó inicialmente mi atracción hacia la docencia. Conocí a los Maristas por medio de un ex Hermano, quien daba lecciones particulares a mi hermano mayor. Me habló de la vida marista. De todo me impactó más que la vida religiosa que desconocía la dedicación a la educación. Acepté la posibilidad de probar y me conectó con el Hermano Vital. Fue en las casas de formación donde me desperté en mi vocación marista y me fui consolidando en ella en medio de crisis y altibajos. Me entusiasmó la personalidad de San Marcelino, la devoción a María y la obra educadora marista.

Han pasado ya muchos años desde la opción inicial. Mirando hacia atrás, ¿qué es lo que Vd. siente?
Le diré lo que siento, lo que juzgo y lo que vivo. Mirando el curso de mi vida siento una gran satisfacción y alegría interior por las innumerables gracias y posibilidades recibidas por la misericordia del Señor y la Buena Madre. Siento mi corazón agitarse de agradecimiento a Dios, al instituto Marista, a mis Hermanos y a tantos sucesos y personas que me ayudaron a construir mi vocación. Juzgo que al seguir la vocación he transitado el mejor camino para mi vida, desde muchos puntos de vista que no es el caso de explicitar. Lo que vivo son elementos, signos y vivencias de fe, oración, fraternidad y apostolado ordenados para llevarme a la santidad. Y si no lo soy es por mis carencias y limitaciones. No obstante vivo en un clima de gratitud, alegría y esperanza.

Antes de vivir en la Comunidad de Tacuarembó, ¿qué ha hecho y dónde ha trabajado?
Antes de vivir en esta comunidad de Tacuarembó pasé por varios colegios como docente en la mayoría de ellos. Pero en mi vida hay algo que yo llamo mi segunda vocación. La valoré y traté de realizarla en mi paso por el Jesús Magíster. Fue la promoción vocacional, que siempre la he considerado como apostolado potenciador. A ella he dedicado más de 20 años de intensa labor. Productos de la misma fueron las satisfacciones de llevar cada año un grupo al juniorado; los esfuerzos sin limitaciones, superar las contradicciones, las incomprensiones y hasta los desprecios; el incorporar nuevos miembros a la obra de San Marcelino. Hace unos 15 años que dejé, por obediencia, a dicha actividad de promoción vocacional pero sigo con mi preocupación por las vocaciones de acuerdo con mis posibilidades condicionadas por mi edad y limitaciones.

¿Fue fácil aceptar la nueva misión?
Años atrás presenté mis deseos de ir a misión ad gentes. Al jubilarme como docente acepté gustoso el ofrecimiento de venir al Uruguay. Y, en el 2001, vi con agrado el venir a colaborar en esta comunidad de Tacuarembó. Siempre traté de atender y servir a los más necesitados, dar catequesis en barrios carenciados, visitar a familias y atender enfermos. Aquí lo vivo como que estoy de acuerdo con lo que me pide Dios.

¿Cuáles son las características de la comunidad de Tacuarembó? ¿Cuántos son?
La comunidad de inserción de Tacuarembó, Uruguay, fue fundada en el año 1996, siguiendo los caminos de apertura propuestos por los superiores. Sus principales características las resumo. No tener centro formal de educación (escuela). Ser testimonio en barrios carenciados. Promover la vida cristiana. Trabajar en pastoral juvenil. Dar catequesis. Acompañar CeBS. Dar charlas preparatorias al bautismo. Visitar familias y enfermos. Somos tres Hermanos tratando de vivir fraternalmente el sueño de San Marcelino.

¿Cómo se siente en la comunidad de Tacuarembó?
Hace cuatro años los superiores me propusieron integrar esta comunidad de Tacuarembó. En lo que llevo de la experiencia puedo decir que para mi persona resulta provechoso por lo siguiente. Compartimos nuestra vida comunitaria como en las demás, los ritmos de vida, oración, reuniones y apostolado. Vivimos el amor fraterno, nos integramos en el apostolado comunitario, practicamos las pequeñas virtudes, nos aceptamos como don del Señor, vivimos el espíritu de familia. Con nuestro proyecto comunitario nos esforzamos por vivir según la voluntad de Dios y atendemos en particular a los más pobres y carenciados Tanto el evangelio como nuestras constituciones nos convocan a vivir el espíritu de familia de Nazaret. Aquí se nos ofrece mucho de dichos aspectos, como por ejemplo, preparar la comida, lavar la vajilla, barrer y limpiar la casa, ordenar y atender a tantos detalles que van desde cambiar las flores del oratorio hasta sacar el polvo que nos llega desde la calle, ocuparnos de la huerta cavando, sembrando, regando, cosechando; atender el teléfono, hacer compras, movilizarnos en bicicleta, lavar nuestra ropa, planchar, etc. En mi vida puedo disfrutar de largos tiempos de oración personal y seguir la espiritualidad que nos legara San Marcelino. Nuestra vida de pobreza se expresa poniendo a disposición cuanto somos y nos esforzamos por no atarnos a objetos innecesarios. Yo todavía siento que me cuesta desapegarme de cosas y liberar mi corazón de cosas materiales.

Además del trabajo de casa, ¿en qué consiste vuestro apostolado ad extra?
Mi apostolado va desde dar ayuda escolar en el Centro Comunitario, dar catequesis, apoyar una Comunidad de Base, visitar familias, acompañar a enfermos y ancianos, unir y activar la fraternidad entre los miembros de mi comunidad tratando de quererlos de verdad.

¿Cuáles son, según Vd, los valores fundamentales que tiene que tener uno que quiera vivir el sueño de Champagnat hoy?
Para mí los valores son productos intelectuales. Su concreción se da en la praxis o, si se quiere en la virtud, es decir, mediante hábitos o accionar pertinente. Por tanto lo que tenemos que tener quienes deseamos unirnos al sueño de Champagnat hoy es lo que todos sabemos pero que debemos hacerlos aterrizar mediante la práctica. Señalo algunos. Ser hombre, hombre estructurado en las virtudes teologales, adornado con las pequeñas virtudes. En síntesis, estar centrados y vivir apasionadamente en Jesucristo.

¿Cómo evaluaría su vida actualmente?
Actualmente, al acercarme al fin de mi vida terrestre, estoy viviendo los valores maristas, consciente de que día a día puedo rectificar el sentido de mi vivir orientándolo o rectificándolo en el querer del Señor. Trato de disfrutar de la presencia de Dios, pudiendo dedicar más tiempo a la oración personal y dejarme amar.

Estamos viviendo, en el Instituto Marista, el año vocacional. ¿Diría a los jóvenes de hoy que vale la pena ser Hermano Marista?
A los jóvenes de hoy les digo que no solamente vale la pena ser Hermano Marista sino que es concretar el sueño maravilloso de San Marcelino que incluye el llamado del Señor ante el clamor de miles y millones de niños y jóvenes sedientos de justicia, verdad, cariño, educación. Y para ingresar en el Instituto Marista tienen que comenzar por pedírselo insistentemente a la dueña y madre que es la Virgen María. Que prueben la vida marista y vivirán apasionadamente a Jesucristo en el modelo insuperable de María.

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