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Boletín marista - Número 198

 

Goyo, el pintor de san Marcelino
02.06.2005

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Goyo firma la pintura de Marcelino, que se colgó en la fachada de la Basílica de san Pedro de Roma el día de la canonización de Champagnat. Esta obra, que para cualquier artista sería motivo de orgullo, no es una producción aislada sino que se enmarca en su trayectoria. Goyo ha revolucionado las representaciones de san Marcelino, consiguiendo el reconocimiento universal por la riqueza de su pintura, por la variedad de situaciones representadas, por acercarnos una figura de manera personal.

H. Lluís Serra
FMS Mensaje 33





¿Cuál es el primer recuerdo vinculado a tu hacer como artista?
Tendría unos ocho o nueve años… Recuerdo que el maestro, en el pueblo, nos daba las típicas láminas para copiar. Por algún motivo, le gustó lo que hice. Eso puede ser el inicio de cierta inquietud por seguir adelante con algo que veía que gustaba y por lo que me valoraban.

¿Tus padres llegaron a advertir tu capacidad de artista y tu gusto por pintar o dibujar?
Sí, pese a que éramos una familia muy humilde y con muchas dificultades económicas. Todo lo que tenía eran esos lápices de colores. No llegué a tener unos tubos de óleo hasta los dieciocho años, cuando ya me los pude comprar. Los medios eran difíciles de conseguir, pero el espíritu sí que lo tenían.

En esa edad temprana, ¿era tu pintura una imitación de otros artistas o una expresión de tu mundo interior?
En la adolescencia me gustaba muchísimo Dalí. Me acuerdo que me regalaron un libro de Dalí por mi cumpleaños. En él descubrí la posibilidad de manifestar ese mundo interior a través de símbolos reconocibles, típico del surrealismo, con signos o con elementos prácticamente fotográficos, expresando una realidad muy extraña, muy ensoñada. Durante un tiempo imité mucho el estilo del dibujo de Dalí. Luego, profesionalmente, a partir de los años 90, que es cuando empiezo a trabajar con una galería en plan profesional, tuve mucha inquietud por el arte renacentista, por el trecento, el quattrocento italianos. Posteriormente fui combinando eso con una transformación un poco más personal de ese ambiente renacentista. Lo último que he hecho es utilizar los elementos pictóricos hasta el punto de se-parar por un lado la figura, por el otro el fondo, trabajarlo independientemente, y pegar materialmente la figura sobre el fondo… Creo que es lo más personal que puedo aportar dentro de este mundito.

Para el dibujo de estos rostros, ¿te inspiras en alguna persona real, o es pura creación tuya?
Siempre parto de una realidad que he observado, sea en la relación con la gente o a través de los medios de comunicación, en revistas, en el cine, en la televisión. Luego recreo lo que me ha impactado de un rostro, de un perfil y lo transformo con una intencionalidad que conviene a lo que quiero expresar en la obra.

En tus cuadros, los protagonistas son fundamentalmente las personas, más que bodegones u otros temas como los paisajes…
Sí, lo que más me ha motivado ha sido siempre la figura humana, sea que esté un poco escondida tras ropajes y máscaras o últimamente con el rostro más directo.... Cuando lo hago, siento mucha emoción como llegar a expresar cierto matiz del sentimiento sólo con levantar levemente las cejas o con una caída de párpados. Es curioso ver cómo cambia el rostro simplemente con un milímetro de distancia de un ojo a otro. No deja de tener su misterio, y me sigue emocionando. Hay otras, como la de este sello de Navidad, que conjugan clasicismo y modernidad a la vez.


¿Hay alguna interpretación de tu obra que te haya llamado la atención, incluso sorprendido, o que te haya permitido conocerte mejor a ti mismo?
Tal vez esa observación sí que me hizo reflexionar. La verdad es que sí, que mirando las obras se ven escenas de gente, pero cada uno está en su mundo, de forma un poco autista. Supongo que las obras reflejan mi forma de moverme en el mundo. Curiosamente, gusta a muchas personas del extranjero. Son obras bastante universales en ese aspecto, que agradan a mucha gente.


¿Pintas para comer o comes para pintar?
Supongo que de todo un poco. Ahora ya tengo la seguridad de que todo lo que hago tiene aceptación y se ven-de. Gozo de libertad para hacer lo que realmente quiero.


¿En qué país tiene especial interés tu obra?
Hay muchos clientes americanos, ale-manes…, pero en la galería de Londres es donde más se esperan las exposiciones y donde más éxito tienen. Toda mi obra la mueve un galerista y se expone en otros muchos sitios.

¿Tienes aproximadamente contabilizado el número de obras que has producido?
No. Para eso soy bastante desastre, porque ni siquiera tomo fotos de lo que hago. Cuando estoy pintando un cuadro siento que eso... de alguna forma me pertenece y es el momento en que tengo que disfrutarlo. Una vez que está hecho me desentiendo. No tengo ni un archivo. Lo dejo todo en manos de la galería, y ya está. Hay obras que me han costado mucho dejar y que me siguen llamando la atención. Ésta, por ejemplo, aquí no está reproducida entera… Con todo, está este libro que recopi-la once años de trabajo con la galería y existen numerosos catálogos.


Pasamos a la pintura religiosa. ¿Qué cosas has pintado en el ámbito religioso?
Lo primero que hice fue en el noviciado. En el curso 80-81, pinté para la entrada de la capilla del noviciado en Villalba un tema sobre Jesús y María, que aún se conserva ahí. Luego unas manos entrelazadas jugando con el anagrama marista, la M y la A. Eso también es muy daliniano. A la derecha había como una especie de familia universal con Cristo proyectando los rayos de luz por todo el mundo, algo así muy global, ahora que está de moda la globalización. Hice alguna última cena, como la que está en la residencia de Nuestra Señora de la Roca. Ahí surgió por casualidad una técnica que empleé para hacer los vestidos de los apóstoles. Después lo que más se ha conocido es el Cristo de la barca. Era una pegatina para la Pascua del 82 en Al-calá de Henares que el hermano Elicio amplió con lo que ganó en fuerza. Es lo que ha tenido popularmente más aceptación, junto con la Virgen que está en San José del Parque, en lo que era la entrada de la Residencia Provincial. La Virgen con el niño en brazos, transparente... Todos los murales que he hecho para los colegios maristas, anterior al de Chamberí. Luego encargos de la Conferencia Episcopal, con motivo del Jubileo del año 2000…

Has dicho que en tus cuadros se refleja mucho la nostalgia. ¿Qué elementos aparecen como expresión religiosa tuya? Es decir, si alguien contempla tus cuadros religiosos, ¿qué religiosidad o sentido espiritual adivina en ti y qué valores religiosos le transmites?
El Cristo de la barca transmite una cercanía, una humanidad, no sé, una intensidad de emoción que es algo muy humano y por lo tanto es muy espiritual, una necesidad de comunicación, de cercanía o de solidaridad, una aproximación a la gente. No veo la figura de Jesús como se representaba en el siglo XIX, con aureola y un poco lejano, sino que a través sobre todo de la mirada con mucha intención de contactar, de ver qué te pasa y qué necesitas.

Marcelino Champagnat, ¿qué representa en tu mundo interior y en tu pintura? ¿Cómo lo has ido descubriendo, viviendo y plasmando?
Es una extensión de ese planteamiento que te acabo de hacer. Cuando el hermano Agustín Carazo me propuso la idea de hacer alguna imagen de Champagnat que fuese un poco moderna, hice el primer cuadrito en una tabla que encontré por ahí tirada en el noviciado, era el año 81, con unas pinturas muy baratas que compré en Villalba. Era un Champagnat sonriente con los dientes bien visibles. Fue el primero que publicó Agustín Carazo, siendo postulador. La tabla se extravió. La estampa de la beatificación ofrecía una pose, con la mesa de por medio, muy intelectual. Para mí fue la posibilidad de hacerlo cercano, de construir como un personaje de una película al que te puedes dirigir y hacerle interpretar tus propios sentimientos. El entusiasmo que yo tenía como marista era una expresión de lo que sentía, es decir, una alegría desbordante. Luego me dijeron que tenía que hacer cosas más serias de cara a la canonización y tuve que hacer esquemas un poco más convencionales. Estoy contento con el de la canonización porque tiene mucha riqueza de matices, especialmente interiores. Técnicamente, está bastan-te bien resuelto. Siendo clásico, tiene cierto aspecto de actualidad.

¿Qué sentimiento quisiste expresar con el cuadro de la canonización?
Me hubiera gustado expresar toda la riqueza personal y espiritual que tiene Champagnat. Sé que al hermano Balko le gustó. A través de otros hermanos, me envió felicitaciones. Para mí es un éxito muy importante, porque él había sido muy crítico con otras imágenes que había hecho de Champagnat. En un encuentro que tu-ve con él en el Hermitage, me orientó sobre el aspecto tipológico de los rasgos propios de Champagnat. Recordando esas orientaciones que él me dio, pude trabajar en el cuadro de la canonización. Así conseguí expresar bastante más que en otros.

Ahora resulta que, afortunadamente o no, existen dos versiones del cuadro de la canonización. En una, Marcelino aparece más joven, y en otra, más maduro. ¿Cómo valoras el hecho de que se te pidiera hacer un fundador, digamos, con algún año más?
Los encargos tienen esa ventaja. Te obligan a devanarte el cerebro para conseguir algo que quiere el cliente. Si a Miguel Ángel, Julio II no le hubiera encargado la Capilla Sixtina, no existiría, porque era un trabajo tremendo para hacerlo por propia voluntad. Entonces, los encargos te obligan a seguir adelante y a luchar por esa idea, aunque tengan el inconveniente de los límites que te ponen. Es así.

De las dos versiones de Marcelino, el fundador joven y un fundador maduro, ¿cuál te gusta más?
El primero tiene esa frescura... Viéndolo ahora, comprendo que sí, efectivamente, sigue siendo demasiado joven, demasiado inmaduro, iba a decir. No lo sé...

Cuando fundó el Instituto, Marcelino tenía 27 años…
Quizás yo ya me he hecho mayor y lo veo demasiado joven en ese retrato. Creo que es más sólido el mayor, sí, el definitivo.


Cuando el cuadro llegó a Roma, antes de devolverte la tabla para rehacerlo, se sacaron unas fotografías de gran calidad para poderlo editar y se hicieron también posters. Es decir, tipográficamente existen los dos.
Sí, eso es lo bueno que tiene el arte, que hay gustos para todos. O sea que no hay problema.

Desde Marcelino Champagnat, ¿qué es lo que más te impresiona?
Sigo teniendo ese sentimiento de un hombre bueno, o sea la bondad, la cercanía con la gente, la capacidad de ver qué es lo que necesita la gente y espabilarse para resolver situaciones prácticas. La humanidad tan grande que tenía y esa capacidad de contactar con la gente, de abrirse a los de-más, de no estar quejándose por problemas sino el hecho de ponerse a resolverlos. Esa capacidad y esos reflejos de resolver situaciones inmediatas me parecen muy bien. Me sigue dando mucho que pensar.

¿Crees que no has pintado todavía el cuadro definitivo de Marcelino Champagnat y que vas a realizar algún día un intento de volverlo a pintar?
Sí, creo que seguiré haciendo expresiones de lo que significa para mí. No sé si llegaré a lo que busco. Las ideas te vienen a la cabeza, incluso por la noche te despiertas. A veces te dices: Voy a pintar esto y luego por la mañana cuando te despiertas ves que se te ha ocurrido una tontada. Es complicado plasmar algo inmaterial.. Pero sí, guardo la esperanza de llegar a concretar algo interesante.

¿Observas alguna diferencia entre el Marcelino Champagnat de los años de noviciado y escolasticado, y los últimos que has pintado? ¿Existe una evolución?
Una evolución cronológica. Los primeros eran muy jovencitos. Ahora al verlos, me parecen demasiado jóvenes. Hay una evolución hacia la madurez, que es expresión de mi propia biografía.

¿Marcelino Champagnat sigue siendo hoy punto de referencia para tu vida personal o espiritual?
Sí, tal como te he comentado antes. Sobre todo en la humanidad tan gran-de que tenía, en la capacidad de contactar con la gente y en su disponibilidad para ayudar en lo que necesitaran...

Cuando tú pintabas en el no-viciado, ¿te sentiste com-prendido por tus formado-res? ¿Pensaban este tío está loco o porque pintabas cosas del fundador decían bueno, mientras pintes santos va bien?
En el juniorado no llegué a hacer nunca algo desarrollado. Fue a partir del noviciado. Yo estaba muy motivado porque les parecía interesante. Y en todo momento el hermano Raúl, que era el maestro de novicios, estaba encantado de que hiciera dibujos para nuestras publicaciones, para las de la Provincia. Fue una etapa maravillosa, porque hacía lo que me gustaba, lo hacía sintiéndolo mucho y con gran intensidad emocional. Técnicamente no tenía mucho valor, pero yo me creía el rey de la pintura aunque eran todos dibujos a tinta. Encima tenían aceptación. Para mí, un éxito total.

Has realizado también trabajos sobre el mundo educativo. En la educación marista que tú conoces muy bien, ¿qué valores destacarías especialmente, que tú hayas trasladado después al mundo de la pintura?
La cercanía y la senzillez. Veo el mundo de la educación como el reflejo de la espiritualidad de Champagnat, o sea, la posibilidad de acercarse a la gente, a los chavales a los que vas a educar, de una forma más directa o más cercana que otras espiritualidades, sin grandes planteamientos teóricos, atendiendo a necesidades concretas.

Has trasladado a tu pintura esta manera de educar…
Sí, es lo que intenté hacer por ejemplo en el mural de Chamberí. Los hermanos trabajan, se pringan directa-mente en la construcción del colegio. Es una metáfora porque no sé si llegarían a hacerlo... La metáfora expresa esa imagen de los hermanos que construyen con cal, con piedras, con cemento… que ponen las ventanas, los cristales. Con esta metáfora quiero expresar una cercanía total. Desde el primer momento, ellos construyen el colegio con todo lo que significa de participación y de entrega.

¿Tú crees que en nuestra educación tendríamos que dar más importancia al arte en sus diferentes facetas, o ya se da suficientemente?
No sé. Me imagino que se está muy condicionado por todo lo que el Estado impone en cuanto a educación, en las diferentes autonomías. No conozco la realidad de cada colegio. De-pende también de la demanda que hagan las familias y los alumnos. Oja-lá hubiera más gente que pidiera eso. Me he enterado por compañeros que trabajan en la enseñanza pública que van a quitar montones de puestos de trabajo porque la gente no demanda currículo artístico. No se puede obligar a la gente a que escoja música o pintura... Si los padres dicen a sus hijos que eso no tiene futuro qué le vamos a hacer. Son épocas que vienen así.

Cuando pintas la Virgen, ¿no le das un toque de nostalgia?
Creo que sí. Todas las mujeres que pinto son así. Tienen esa lejanía de la belleza ideal, sugieren una serenidad que los clásicos trataban de expresar en la Venus de Milo, esta serie de esquemas matemáticos que se planteaban para reflejar la serenidad. Yo lo hago de forma instintiva, tienen serenidad y nostalgia a la vez, pero quiero buscar más calidez de la que llego a expresar. ,

Pintaste el mural de la Familia Marista en la Casa general de Roma. Te habías acabado de casar…
Sí, lo hice en mi viaje de novios. Todo empezó cuando el hermano Agustín Carazo, a la sazón Postulador general, asistió a nuestra boda y nos dijo: Venid a Roma de viaje de novios. Vemos Italia, visitamos la ciudad y de paso haces un mural. Él siempre me pinchaba para que hiciera cosas.

¿Pintaste algunos de los cuadros de la galería de Superiores generales?
Sí, pinté uno de Charles Rafael. Después me encargaron el de Basilio Rueda…

Tu paso por maristas, ¿qué valores ha dejado en tu vida?
El 99 % de mi personalidad, de mi forma de actuar, la sencillez, la naturalidad de aceptar las cosas con mucha humanidad y sobre todo dar la prioridad a las personas por encima de las teorías. Desde el hermano Ruperto, que cuidaba las gallinas en Sigüenza y que me dijo la primera definición de arte. Me preguntó: ¿Tú eres artista?. Añadió: El artista es el que ha-ce las cosas bien. Mientras los filósofos intentando explicar qué es el arte… En fin, todos los hermanos que he conocido y con los que he convivido son siempre una presencia continua en mi mente. que haya pintado muchas veces, Siempre que tengas esa ilusión de dar un pasito hacia adelante, de no repetir un esquema sino de avanzar un poquito. Si tienes esa ilusión, se puede trabajar muchísimo sobre un mismo tema.

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