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Boletín marista - Número 236

 

Venerable hermano Alfano Vaser (1873 – 1943)
23/02/2006

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El 12 de enero de 2006 fallecía el Hermano Antonio Giuseppe Vaser, último de los cinco sobrinos que siguieron a su tío Alfano en la vida marista. Tenía 99 años y 9 meses. Con él terminaba la saga marista de los Vaser.
Esa historia familiar comenzó 120 años antes, con el Hermano Alfano, que es el primer marista italiano. Había nacido en el valle de Aosta el 10 de septiembre de 1873. Ingresó en la Familia Marista en 1886. Al empezar el noviciado, con 17 años, escribió lo siguiente:
Ser fiel siempre a la vocación
y alcanzar la perfección;
combatir mis propios defectos, el orgullo sobre todo,
consagrarme solamente a Jesucristo, el único maestro
que merece todo mi amor y que da los bienes verdaderos;
observar las reglas, hasta las más pequeñas,
tender siempre hacia el bien, a lo mejor, a lo perfecto;
ser para todos un modelo de virtud cristiana y religiosa

El 1 de marzo de 1943, ponía definitivamente su alma y su vida marista en las manos de María. El 22 de enero de 1991, Juan Pablo II le declaraba venerable, modelo de vida cristiana, religiosa y marista, por haber practicado las virtudes de una manera heroica.

En la conclusión de su primera encíclica Deus Caritas est, Benedicto XVI recuerda la comunión de los santos: Contemplemos finalmente a los santos, a quienes han ejercido de modo ejemplar la caridad... Lo santos son los verdaderos portadores de luz en la historia, porque son hombres y mujeres de fe, esperanza y amor... En los santos es evidente que, quien va hacia Dios, no se aleja de los hombres (40, 42).

Testimonios
Esto es exactamente lo que dicen los que dan testimonio del Hermano Alfano. Durante casi toda su vida fue formador de hermanos jóvenes: 15 años maestro de novicios y 16 años director de escolásticos, y en esa labor consiguió un índice de perseverancia sorprendente. Era un hombre de corazón atento, una fuente de alegría para la comunidad; siempre pedía a los jóvenes que fueran generosos con Dios y con los hombres: Era enérgico en su labor de formador... Quería caracteres viriles, austeros y fuertes. Él, que disfrutaba de la intimidad con Dios y con la Virgen, sabía hacerse cercano a los hermanos. Como consejero provincial durante 30 años, asumió con amor los problemas de la joven Provincia de Italia.
Los hermanos jóvenes decían de él: Acogía siempre con bondad y afabilidad al que acudía a él; era muy paciente con los inoportunos... Ninguno salía de su despacho sin haber sido consolado.
Éstas eran sus convicciones: La caridad fraterna es la alegría, la bendición de las casas religiosas. Equivale a participar del amor que Dios tiene para sí y para con nosotros. Toda la vida y todas las enseñanzas de Jesús son amor… Cada día podemos volver a encontrarnos unidos en el Corazón de Jesús, hablarnos santamente, ayudarnos los unos a los otros. Pues si es así, ¡hagámoslo todas las mañanas!

Cuando habla de Jesús, Alfano dice estas palabras: Señor, gustoso quiero sufrir lo que tú quieras. De tu mano acepto el gozo y el dolor, el consuelo y la aflicción, el éxito y el fracaso, el favor y la persecución. Pero en todo esto, concédeme amarte intensamente, darte a conocer y amar, ganar para ti muchos corazones. ¡Venga a nosotros tu reino de amor!
Divino Corazón de Jesús, yo quiero amarte siempre más, con la ayuda del Corazón Inmaculado de María. Haz que yo piense, juzgue, vea, haga, sufra lo que sea más conforme a tu gloria, al bien de mi alma, de los superiores, de mis hermanos y de la Iglesia. Haz que yo viva en ti, contigo, y para ti, y que muera en paz junto a ti.

La visión que tiene de María es muy hermosa: María se ha hecho toda para todos, se ha dado a los justos y los pecadores, a todos abre los tesoros de su misericordia. Ella libra a los esclavos de sus ataduras, devuelve la salud a los enfermos, el consuelo a los afligidos, el perdón a los pecadores, un aumento de gracia a los justos. Nadie puede sustraerse a su amor.
Sobre el rosario decía lo siguiente: Es la oración que más aman los católicos, apropiada para todo estado y condición, fácil, dulce, nobilísima; es conveniente para el que goza de buena salud y para el que está enfermo; durante el día o por la noche, estando en casa o de viaje, en la alegría o en la aflicción. El que reza el rosario marcha tranquilo hacia el paraíso. La misma Virgen María le acompañará hasta allí.

El Hermano Caetano Vinai, que vive todavía, nos ofrece uno de sus recuerdos: Tenía yo 14 años... En 1923, al empezar el otoño, sentía molestias en un pie y el jueves no fui al paseo de costumbre. Iba a entrar en la casa cuando me encontré con el Hermano Alfano... Él se acercó a mí, abordándome con una gran sonrisa. Eso me conquistó el corazón. Me fui con él y entablamos un largo diálogo sobre temas que me gustaban. Me acompañó hasta la sala y allí empezamos a hablar de los estudios. Él me hacía preguntas y yo me sentía contento, no sólo por demostrarle lo que sabía, sino por poder estar hablando con él. Se mostró muy afable. Luego fuimos a dar una vuelta por el jardín... Nos habíamos hecho amigos. En un momento dado él se fue, y volvió luego con un puñado de peladillas. Me las dio todas, y yo estaba de lo más feliz. La tarde acabó con una cariñosa despedida. En los recreos era de una jovialidad increíble, Mostraba una sonrisa y una actitud tal, que todo el mundo iba donde él. Tenía una forma de reírse muy personal, en cascada, que era formidable; se le oía a distancia. Se reía con ganas de los chistes que contábamos.

En una familia de santos
El Hermano Alfano nos recuerda que, en nuestra familia, la santidad y la acción del Espíritu Santo están mucho más presentes de lo que pensamos. El pequeño calendario marcador del año 2006, el de nuestros santos, en la hoja de noviembre y diciembre trae una lista de hermanos que puede sorprender: Marie Nizier (Oceaníe), Joche Albert (China), Charles-Raphael (Bélgica), Chris Mannion (Gran Bretaña), Joseph Rushigajiki y Etienne Ruesa (Rwanda), Quentin Duffy (Australia), Paul Nolan (África del Sur), Septimio Walch (Argentina), Estanislau José (Brasil), Stephen Minogue (Estados Unidos), Servando, Miguel Ángel, Fernando, Julio (Congo, España); todos ellos son santos, aunque ninguno esté en la lista de candidatos para la canonización... El Espíritu del Señor actúa entre nosotros, y la santidad florece en el amor y la donación.

He aquí un ejemplo concreto. Se trata de un hermano que el 1 de junio de 1962 él escribía estas líneas: El objeto de esta carta es pediros ayuda... para poder sobrevivir. Supongo que sabéis que aquí todo está racionado, sobre todo el alimento. Digámoslo en pocas palabras, la ración no llega a 8 onzas (menos de 250 g.) por día. Entre los Hermanos, yo soy el que tiene el racionamiento más estricto, ya que no tengo posibilidad alguna de trabajar, debido a mi avanzada edad, 75 años. No consigo calmar los dolores del hambre y ninguno puede comprar más de lo que está marcado en la cartilla de racionamiento. Por amor o por necesidad, soporto el hambre tratando de ser paciente. Sólo podemos encontrar suficiente legumbre en verano. En invierno, hay muy poca cosa que llevarse a la boca, el resto del año el máximo está en 7 onzas por día. La carne no se ve, con excepción de 4 ó 5 veces al año, y a sólo 2 ó 3 onzas por persona; hay muy poco aceite, 4 onzas al mes hasta la fecha. Pero después de junio, los que trabajan reciben sólo 25 onzas, y los que no pueden trabajar 15, al mes.

En sus tres últimos años, este Hermano tuvo que ver cómo le retiraban sus derechos civiles y le sometían a estrecha vigilancia policial. Se le conocía como el religioso marista reaccionario. En 1975, con 87 años, fue llevado a un juicio popular en el que se le condenó a muerte. Él decía que preparaba todos los días este encuentro con Dios, y rezaba diariamente por el Instituto.

Tenemos motivos para dar gracias a Dios, porque no deja a nuestra Familia sin los santos que le hacen falta.

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