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Boletín marista - Número 239

 

Entrevista al hermano Alfredo Herrera, Subdirector del Programa de Orientación para los misioneros del proyecto misionero Ad Gentes
16/03/2006

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El hermano Alfredo Herrera, ha sido nombrado por el Consejo general para poner en marcha el proyecto “Misión ad gentes” definido y presentado a los hermanos Provinciales en la VII Conferencia general.
Los hermanos Michael y Rene asumirán la responsabilidad de Delegados del hermano Superior general para este proyecto. Los hermanos Tim Leen y Alfredo Herrera serán respectivamente Director y Vice-director del programa de orientación que durará 5 meses. Este programa se desarrollará en Davao City, en Filipinas.
El hermano Alfredo pertenece a la Provincia de México Central y ha trabajado como misionero en el Distrito de Corea por más de 30 años. Ha sido Superior del Distrito durante tres años y formador en Corea y en el MAPAC.
Los cuatro hermanos Tim, Alfredo, Rene y Michael, a partir del 16 de enero, han iniciado una serie de encuentros de trabajo en la Casa general de Roma, junto con el hermano Luis García Sobrado, para organizar los contenidos del programa de orientación y las líneas de acción para este año.
El proyecto “Misión ad gentes” se gesta como resultado de la dinamización de la misión promovida por el 20º Capítulo general bajo los principios de la solidaridad y de la cooperación internacional. El plan operativo consiste en enviar en misión un número significativo de hermanos en los próximos años, a Asia como prioridad, pero también a Provincias maristas en necesidad.

AMEstaún


Hermano Alfredo, treinta años ya que dejaste México para irte a trabajar en Corea.
Así es. En realidad treinta y uno porque estuve un año en Estados Unidos.

¿Para aprender el inglés?
Aprendiendo el inglés porque necesitábamos aprender el inglés para poder aprender después el coreano

Y, ¿más difícil el inglés o el coreano?
¡Oh!, no hay punto de comparación. El coreano muchísimo más difícil porque es una lengua cuyo orden de las palabras es totalmente diferente al de una lengua latina.

¿Cuáles han sido los hitos más significativos de tu presencia en Corea durante estos 31 años?
Llegué a Corea en 1975. La Provincia se había comprometido a enviar a Corea 8 hermanos. Yo fui uno de ellos.
El primer año únicamente estudio de la lengua. Pronto tuve la oportunidad de dar clases de español ocasionalmente en una Universidad que se llama Universidad de Estudios Extranjeros donde todas las carreras son de lenguas. Eso me dio la oportunidad de conocer un poco más el mundo joven desde el principio
Después podría decir que el siguiente capítulo sería mi permanencia con los sordos. En la ciudad donde vivíamos había una escuela de sordos. Y el director seguramente vio extranjeros en la calle y como iban a iniciar la Secundaria en esa escuela para sordos le pidió al hermano Alfonso Wimer que diera clases de inglés. Y así empezamos. El hermano Alfonso Wimer daba clases en la mañana y como no podía atenderlos en la tarde porque tenía ya otras ocupaciones a mí me tocó suplirle en las clases de inglés de la tarde. Por supuesto que los sordos no aprendieron nada de inglés, pero yo sí aprendí su lenguaje de signos que hacen con las manos. Poco a poco me interesé por la situación de los sordos en el país pensando también en que pudiera ser un área en la que los hermanos que estábamos buscando en ese momento un campo de apostolado podría ser una buena opción.
Entonces empecé dando un poco de catequesis a los sordos y estuve trabajando con ellos unos doce años. De modo que pude sacar el título de maestro de educación especial ahí mismo
Pensaba que esa iba a ser mi misión dentro de la comunidad porque de hecho los hermanos hicieron el plan para hacer una escuela de sordos. Pero no se realizó por diversas razones, entre otras la falta de ayuda de los grupos internacionales.
Después de eso la segunda etapa ha sido la formación, el trabajo con los formandos en la época en que se hizo la primera Guía de formación. Precisamente para conocer y hacernos tomar conciencia de la importancia de la Guía de formación hubo un encuentro de maestros de postulantes en Nairobi para los maestros de postulantes de Asia y de África, una reunión de dos meses, muy interesante. Y durante el encuentro, uno de los que dirigían el curso, me invitó: me dijo que sería bueno para mi hacer un curso de formación en la Gregoriana Y de hecho al año siguiente, con un gran esfuerzo del hermano Charles Howar, Superior general, vine a Roma. Al terminar en Roma estuve seis años en Filipinas en lo que ahora es el MAPAC y al terminar ese período regresé a Corea donde estuve tres años como responsable del Distrito. Después de eso seguí trabajando en el acompañamiento de religiosas y religiosos en Corea.

Los hermanos en Corea trabajaron con leprosos. ¿Tú también colaboraste en este trabajo?
No. En realidad yo no tuve oportunidad de trabajar con los leprosos. Cuando se abrió esa comunidad que atendía a los leprosos coincidió con el período en que yo trabajaba con los sordos y residía en otra comunidad.

¿Cuál es el desafío de los maristas en Corea?
Ha sido y sigue siendo el apostolado. Porque desde un principio hemos sido muy conscientes de que la escuela, el sistema educativo propiciado por el estado no es educativo por ser muy competitivo. Por eso desde un principio se decidió no tomar una escuela ordinaria. Se han hecho esfuerzos de trabajo con los jóvenes en diferentes campos y con diferentes facetas, con los sordos, un centro de estudios en Andong, que funcionaba muy bien, pero que por razones políticas tuvo que cerrarse porque no era sostenible. Hemos hecho intentos de empezar lo que ahora se llama “escuelas alternativas” que son escuelas pequeñas, con una atención más personalizada a los alumnos donde la educación se centra sobre los intereses y capacidades, se atienden los intereses y preocupaciones de los muchachos. Pero requiere muchos recursos económicos que no tenemos.
Se hizo este trabajo con los leprosos que no es propio del carisma marista. Pero el obispo de la diócesis lo que quería era que los hermanos, al encargarse del hospital, pudieran hacerse cargo también de los hijos de los leprosos en las seis colonias de leprosos que había en esa diócesis. Se inició el trabajo, pero poco a poco la misma situación de los hijos de leprosos fue determinante. No era conveniente separarlos de los demás ciudadanos más de lo que estaban.

En este momento, ¿cuántos hermanos son el Distrito de Corea?
Veinticuatro, de los cuales somos cuatro mexicanos. Los demás son coreanos.

Al poco tiempo de haber llegado los hermanos a Corea ya hubo profesiones. Fue una noticia que llamó la atención del Instituto.
Sí. Prácticamente a partir del segundo año de la llegada de los hermanos comenzó a manifestarse el interés vocacional de algunos muchachos. Este año se cumplen los 35 años de la llegada de los primero hermanos a Corea. Ha habido un buen número de coreanos que han iniciado el camino hacia nuestras comunidades de hermanos pero no hemos logrado pasar el número mágico de los 30. Hemos llegado a 30 alguna vez pero no se ha mantenido ese número.

¿La presencia marista en Corea es una presencia simbólica, insignificante, testimonial...?
Podríamos utilizar los tres adjetivos, para calificarla. Es insignificante en el sentido de que somos muy pocos; no hemos tenido un impacto fenomenal en el país. Pero creo que es muy significativa porque el hecho de ser religiosos no sacerdotes es un hecho nuevo, desconocido incluso no entendido por la Iglesia. Es muy significativa la presencia de un hermano laico, no sacerdote dentro de la Iglesia. La Iglesia coreana que es muy activa, es al mismo tiempo muy clerical; el sacerdote ocupa un lugar privilegiado. Como contrapunto, nuestra presencia como hermanos laicos nos acerca muchísimo a la gente, da una visión diferente de lo que es la vida religiosa y la vida consagrada. En ese sentido creo que es muy significativa. Y simbólica también, pues la Iglesia coreana necesita de esa sencillez evangélica, sin grados ni honores, donde se destaque la igualdad de todos. Nuestra presencia como hermanos laicos es necesaria e importante.

La opción de los hermanos en Corea es no tener obras propias, partir de obras que les ofrecen, que ya están funcionando.
Esa ha sido la realidad, no necesariamente la política, pero vemos la necesidad y los hermanos coreanos insisten mucho en eso de tener obras propias que den un poco de solidez, de renombre y de identidad. De hecho el hermano Superior del Distrito, hermano John Vianney ha insistido mucho en que nos enfoquemos a un apostolado directo con los jóvenes para proponer identidad de hermano, que en Corea todavía no existe. Para los hermanos mexicanos que vivimos allí es evidente, pero no es tan evidente para los hermanos coreanos.

¿Cuáles son los intereses de la juventud coreana?
En general podríamos decir que la coreana es una sociedad muy influenciada por el capitalismo. Podríamos decir que la categoría de los estudiantes de Secundaria y Preparatoria tienen como única ambición ingresar en la universidad. Esa es la ambición clásica, empujada por los padres de familia y fomentada por el gobierno. Esta era la única preocupación casi hasta hace pocos años.

¿Esta es la razón por la que decís que el sistema oficial de educación coreano no es educativo?
Exactamente. La escuela Secundaria y Preparatoria está enfocada única y exclusivamente a superar el examen de entrada en la universidad. Los alumnos salen de sus casas a las seis de la mañana para ir a estudiar en el colegio y regresan a las diez de la noche. No hay casi ningún otro tipo de actividad de otra clase.

¿Ni siquiera actividad deportiva?
Deportiva únicamente para los que sobresalen en lo deportivo. Para ellos hay escuelas especializadas, escuelas para los deportistas. Fuera de eso no hay otra actividad. Últimamente los jóvenes están despertando motivados por los medios de comunicación. Hay un buen número de jóvenes que están rechazando ese modelo. Por eso han surgido las “escuelas alternativas” que rechazan ese sistema educativo. Los padres de familia no son muy optimistas ante esa iniciativa porque temen que el muchacho no se integre bien en la sociedad. Pero digamos que esa es la posición normal. Y una vez que están en la universidad el objetivo más común es conseguir un buen puesto de trabajo, y vivir bien económicamente. Creo que a nivel educativo lo que hace falta es abrir horizontes, dar posibilidades a los muchachos de experimentar el servicio social, algo donde puedan encontrar un poco más de profundidad y de sentido de su vida. Aquí sí hay tarea para los maristas.

Las vocaciones, ¿se ven también tentadas por este deseo de ir a la universidad?
De hecho lo que ocurre con la vocaciones en Corea es que son vocaciones de personas mayores. Para nosotros, la mayoría de los aspirantes que nos llegan están cerca o han rebasado los 30 años. La razón es que todos lo hombres tienen que hacer el servicio militar. Generalmente es después de un primer año de universidad que se incorporan al ejército, regresan de nuevo a la universidad, trabajan y es en ese periodo de la vida cuando se empiezan a preguntar si vale la pena este tipo de vida. Los que están con nosotros no son gente que estén únicamente esperando ir a la universidad. De hecho tenemos entre nosotros personas ya posgraduadas. A los hermanos les interesa trabajar y estar con los jóvenes.

¿Hay aceptación del evangelio por parte de los jóvenes?
Ha cambiado mucho la mentalidad de los jóvenes. Los primeros años de nuestra presencia, los años setenta e incluso los ochenta diría yo, la Iglesia tenía una fuerte influencia sobre los jóvenes, quizá, me imagino yo, porque la Iglesia impulsó todo el movimiento democrático del país. Eso le dio mucho prestigio socialmente y eso a los jóvenes les atrajo mucho. Una vez establecido el régimen democrático y con la influencia de los medios de comunicación. (TV, internet) ha disminuido ese atractivo. Antes las iglesias estaban llenas de jóvenes. En la actualidad todas las diócesis coreanas incluyen en su planes de pastoral un objetivo prioritario que es trabajar con los jóvenes, porque ahora los jóvenes ya no vienen a la iglesia.

¿Cuántos católicos son en Corea?
Aproximadamente unos tres millones de católicos.

¿Y diócesis?
Diócesis son quince. Actualmente todos los obispos son coreanos. Solamente vive un obispo extranjero, francés, que ya se ha retirado. Sacerdotes hay en abundancia. Cerca de 2.400 sacerdotes para los católicos de todo el país. La abundancia de sacerdotes diocesanos ha traído como consecuencia que los sacerdotes religiosos hayan sido desplazados de las parroquias

En perspectivas de reestructuración de las obras maristas en Asia, ¿va a seguir siendo México la Provincia de referencia para los hermanos de Corea?
Parece que no. De hecho acabamos de hacer una encuesta que el Consejo general ha pedido a todos los hermanos de Asia para hacer un sondeo sobre dos posibilidades de solución. Una. Hacer una sola provincia. Dos. Hacer dos provincias: una que comprendería Sri-Lanka, Pakistán e India (que de hecho funciona ya así desde el 1 de enero del presente año) y la otra que comprendería lo que actualmente es la Provincia de Filipinas, la Provincia de China y el Distrito de Korea.
Al terminar la reunión general del Consejo durante este mes de enero y parte de febrero se va a determinar qué modelo se va adoptar para empezar después a trabajar concretamente.

¿Es decir que económicamente Corea podría tener un cierto despegue, una cierta posibilidad de autofinanciarse?
Desde hace años se está creando un fondo que permitirá al Distrito poder pagar todo lo que actualmente paga la Provincia de México Central. Espero que con la reestructuración tengamos la posibilidad de organizarnos de otra manera. Lo veo un poco difícil. No sé cómo se podrá hacer. Pero creo que será una oportunidad para despertarnos un poquito.

Y con todos estos antecedentes te embarcas en ese proyecto de misión ad gentes. ¿Qué perspectivas se te presentan?
Pues yo agradezco mucho la invitación que me han hecho. Siento dudas de mi capacidad para llevarla a cabo, pero en algo creo que podré colaborar. En la perspectiva de reestructuración el proyecto va a ser de suma utilidad. La reestructuración permitirá hacer una labor más equilibrada y ayudará a armonizar esfuerzos.

¿Y la responsabilidad concreta que has asumido respecto de este proyecto?
Seremos tres en el equipo. Yo estaré como Subdirector en el Equipo del Programa de Orientación para los misioneros. Nuestra labor será principalmente acompañar a los hermanos en el proceso de discernimiento y crecimiento espiritual y misionero. Sobre todo en proceso de discernimiento para clarificar la llamada misionera y, segundo, para localizar el lugar más adecuado a cada uno de ellos donde pueda realizar su misión.

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