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Boletín marista - Número 240

 

Entrevista al hermano José Manuel Acal Francés
23/03/2006

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El hermano José Manuel Acal Francés nació en Madrid y ha desarrollado su apostolado en España. Su vocación misionera nació “por casualidad”. Le llamaron de Roma para que hiciera de traductor en el Capítulo General.
Durante una comida, el Vicario General pregunta al Provincial: “¿No tienes un hermano para mandar a África?”. La respuesta es inmediata: “¡Aquí lo tienes!”.
Era José Manuel que estaba comiendo en la misma mesa.

H. Onorino Rota

Liberia
Liberia, con sus 99.093 Km², es uno de los estados más pequeños de África. Tiene una población de cerca de 3 millones de habitantes. La capital es Monrovia que alberga más de la mitad de dicha población. Oficialmente es una república presidencial. Sus habitantes son un 70% animistas, 20% musulmanes y 10% cristianos.
Políticamente Liberia vive una guerra civil desde 1989. Las últimas elecciones se tuvieron en noviembre de 2005. En ellas quedó designado jefe del estado Ellen Johnson Sirleaf.

Llevas varios años en Liberia. Cuando llegaste ¿qué es lo que más te sorprendió?
Me quedé muy impresionado de la gente que se acumula en la capital y que se concentra en los campos de refugiados. Se ven obligados a no hacer nada en todo el día y lamentablemente se han habituado a pedir limosna y a recibir su comida cotidiana. Otra cosa que me llamó la atención es que no hay electricidad en toda la nación, no hay servicio de aguas, no hay transportes públicos, no hay bancos, no hay oficinas de correos... el estado no ofrece ninguno de esos servicios.

Cuando dices que “se ven obligados a no hacer nada” ¿a qué te refieres?
Significa que en los campos de refugiados hay comida suficiente para todos. La mayoría de la población no tiene grandes exigencias y se contenta con una comida al día. ¿Para qué van a andar trabajando la tierra, para qué ganarse la vida con fatiga, si no es necesario? Basta alargar la mano y tienes lo que te sirve. Esta situación, sobre todo si dura muchos años, es muy negativa porque genera apatía y resignación hasta tal punto que muchos dejan sus propias aldeas para venir a Monrovia a que les mantengan.

¿Quién controla los campos de refugiados?
Creo que ninguno lo sabe, pero la ONU tiene un contingente de 15.000 soldados en Liberia. En ninguna otra nación, ni siquiera en Palestina o Iraq hay tantos. Es el número mayor que la ONU haya enviado jamás a un país. Si lo ponemos luego en relación con el número de habitantes nos damos cuenta de que la situación no es normal. En todo caso, son los soldados los que controlan los campos de refugiados y distribuyen los víveres.

¿Cuál es la base de la alimentación en Liberia?
En Liberia es esencial el arroz y para ayudarte a entenderlo te pongo un ejemplo. Los domingos, en general, soy yo el que prepara la comida y cada vez trato de cocinar alguna cosa especial, a menudo con recetas europeas. Los hermanos liberianos lo comen, pero al final se miran entre ellos y se preguntan: “¿Dónde está el arroz?”. Si falta el arroz, hasta el mejor plato pierde el sabor. Lamentablemente, a causa de la inactividad de la gente, ahora incluso el arroz debe ser de importación.

¿Te has encontrado con personas que viven en los campos de refugiados?
Sí, y te diré que me ha sorprendido la sabiduría de los ancianos y la formación que han recibido, ¡son extraordinarios! Pero el caso de los jóvenes ciertamente es de preocupar. Prácticamente la totalidad no sabe que existe la música clásica, nunca la han escuchado, no saben qué significa la literatura... Los años de guerra civil, la falta de estímulo y de perspectivas de futuro pesan como rocas. El gran reto consiste en reconstruir la persona desde dentro. Por eso nos parece que nuestro esfuerzo en la escuela es fundamental.

¿Nos puedes hablar de la escuela?
Exagerando un poco, te puedo decir que no existe, pero tenemos 650 muchachos. Me explico. En muchos países, cuando hablamos de escuela nos referimos a buenos edificios, con sus instalaciones, laboratorios... Nuestra escuela sólo se compone de aulas en las que hay bancos y una pizarra. La dirección y la secretaría son dos mesas de trabajo y una vieja máquina de escribir. Cada mañana sacamos las mesas y las máquinas al pórtico, y al atardecer las volvemos a meter dentro de un aula. Sólo tenemos dos baños. Como ya he dicho antes, no hay electricidad y no tenemos pensamiento de adquirir un generador porque con nuestros sueldos no nos llegaría ni para pagar la gasolina que se necesita para ponerlo en marcha.

¿Y cuál es tu labor en la escuela?
Ante todo, los grupos son muy numerosos. Yo enseño en dos clases finalistas que tienen 54 y 56 alumnos. Los muchachos carecen de libros, por eso durante la lección explico y escribo un resumen en la pizarra para que los alumnos puedan tomar apuntes y estudiar. Tenemos algunos libros de consulta, pero nada que ver con una biblioteca. Alguno pensaba regalarme diapositivas, CDs, magnetófonos... pero he renunciado a ello, por la falta de electricidad. También estoy encargado de la escuela primaria: visito las clases una vez a la semana, trato de acompañar a los maestros, enseñarles un poco de la pedagogía marista. Te aseguro que hay trabajo.

¿Cuánto hermanos sois en la comunidad?
La comunidad la formamos cuatro hermanos. El más joven tiene 30 años y el más “anciano” 44. Tres estamos en el colegio, y el otro atiende otras actividades (clases en el seminario, grupos de scouts, etc.) Los dos hermanos liberianos ayudan también a una religiosa que dirige una obra para niños que, a causa de la guerra o de la poliomielitis, tienen dificultades locomotrices.

¿Cuál es vuestro sueño?
Tener un número suficiente de hermanos para poder abrir otra escuela en la zona cristiana del país. Actualmente los hermanos liberianos son 4, tenemos cuatro novicios y un postulante. En un país como el nuestro, allá donde vas ves necesidades que quisiéramos atender con otros proyectos, pero creemos que nuestro empeño en la escuela es esencial para construir un nuevo modelo de persona. Estamos agradecidos a algunas provincias maristas que nos ayudan, pero queremos llegar a ser autónomos también desde ese punto de vista.

Tú has nacido en España y has trabajado con la juventud de allí. ¿Alguna vez has hecho comparaciones?
Acabo de visitar a los hermanos ancianos de mi Provincia. La pregunta que más me han hecho era: “¿Son mejores nuestros alumnos que los de Liberia?”.
La respuesta no es simple, pero lo que está claro es que los muchachos de Liberia son mucho más pobres que los de Madrid, y por esto, pueden ofrecerte su carga humana, su simpatía, su sonrisa, unas ganas de aprender que difícilmente encuentras en otras partes... No tienen las clásicas “cosas” que ofrecerte, te ofrecen lo que son.
No quiero hacer juicios de valor, pero trabajando con ellos siento que vivo con más autenticidad el carisma de Marcelino y me siento más próximo a los pequeños de los que habla el evangelio. Por eso doy gracias al Señor, porque me da la oportunidad de vivir mi vida marista en un lugar que en algunos aspectos definiría como extraordinario.

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