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Boletín marista - Número 263

 

Entrevista al hermano Marino Primiceri, hermano mayor de los niños y niñas de la calle en Goma
28/9/2006

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“Iniciamos a partir de la nada, a partir de la propia calle, porque no teníamos nada”, me cuenta este hermano de origen italiano pero que muy jovencito todavía se trasladó con sus papás a Bélgica donde conoció a los maristas, profesó después de hacer el noviciado, trabajó cuatro años en Bélgica y se desplazó al Zaire, actual R. D. Del Congo como misionero. Pertenece a la Provincia de Europa Centro Oeste. Actualmente trabaja con los niños de la calle en la ciudad de Goma. Visita la Casa general de los hermanos en Roma. Trae algunas fotografías que recogen un precioso reportaje de sus corrías por Goma. Se le escapa la ternura por los poros. Cada persona que aparece en las fotos le recuerda su historia, sus anécdotas. Señala en una fotografía: “Este niño se salvó de una muerte segura. Tuve que correr por varios hospitales, insistir ante varios doctores...”

AMEstaún. Este trabajo con los niños de la calle es ya una experiencia de años.
Marino. En realidad en el trabajo con los niños de la calle no cuentan los días ni las horas ni los años de trabajo porque con los niños de la calle no se trabaja con un horario fijo de ocho de la maña a cuatro de la tarde sino que hay que estar disponible para ellos las veinticuatro horas del día. En realidad la vida del muchacho de la calle comienza por la tarde, pero los problemas se suscitan en cualquier momento, lo cual quiere decir que si contabilizamos las horas de trabajo durante los 36 meses que hemos estado con ellos puede resultar un falso cálculo. La jornada es doble y el tiempo se vive intensamente.

Pero habéis hecho ya un camino a su lado.
Sí. Hemos hecho un camino bastante largo, porque es un camino largo, duro con un grupo bastante significativo. Son más de 650 muchachos y hemos contactado con más de 200 familias. He buscado las familias de los niños de la calle porque entre ellos es casi imposible que no haya un familiar más o menos cercano que viva cerca de él.

¿En qué momento se encuentra la realización?
Iniciamos con los padres salesianos que buscaban alguien que quisiera trabajar con ellos y me han pedido colaborar con ellos en este trabajo aunque no la había hecho nunca.

¿Cómo iniciasteis?
En realidad iniciamos a partir de la nada, a partir de la propia calle, porque no teníamos nada. Partimos de unas buenas relaciones con la gente. El trabajo se inició en un mercado que se llama “Virunga” de la calle de Goma donde iniciamos algunos contactos con los niños de la calle que andaban sin hacer nada, no tenían trabajo, que se dedicaban a robar... En este primer acercamiento les digo:” No tengo nada que ofreceros, pero podéis contar con mi amistad. Os la ofrezco desinteresadamente”. Y han captado que no estaba allí para entregarles nada, como hacen algunos organismos que ofrecen de comer o de vestir... Les decimos sencillamente: “Nuestra relación consiste en estar con vosotros allí donde estéis pero no venimos a daros cosas; no tenemos nada en las manos para ofreceros. Lo único que os ofrecemos es aquello que pueda enriquecer vuestra personalidad, reconocemos vuestros valores, vuestros problemas, pero podéis contar con nuestra amistad en el momento en que lo creáis oportuno”.

Recordarás muy bien aquellos primeros niños que se acercaron a ti.
El primero se llama Janvier, pero hay otro que se llama Gahínja. Y ese es actualmente el nombre de esta organización. Casa Gahínja que durante tres años ha sido llamada “Universidad del mercado” porque no era universidad para nada; la escuela era una barraca del mercado donde llovía, donde había agua , donde se percibía ruido: Pero desde los inicios la llamamos con el nombre de “Universidad del mercado”.

(Contemplo la foto que tengo entre mis manos. Me encanta la fotografía; en concreto esta fotografía). ¿Qué te dice este muchacho en ese primer momento?
Este muchacho era jefe del clan, un jefe de sector, lo cual quiere decir que era responsable de una zona de la ciudad donde él hacía de maestro, de jefe. Este muchacho ha tenido algunos problemas con el lugar donde había estado acogido por los padres salesianos; había robado y se había escapado pero lo pudimos recuperar y actualmente hace clases, ha aprendido un oficio, se ha sacado el permiso de conducir, y ha entendido que no me debía dar las gracias a mí, sino entregar a los otros lo que había recibido.

Y, ¿ha sido uno de vuestros apoyos?
Sí. Aquellos muchachos que encontramos en la calle y descubren lo que estamos haciendo son los mejores colaboradores. En la actualidad está prestando un servicio que ni nosotros mismos podemos realizar.

Te diplomaste en inglés, francés e historia en la Escuela Superior de Arlon (Bélgica) y te dedicaste a dar clases en las aulas. Para ti, como hermano marista, este encuentro con los niños de la calle ¿ha supuesto una conversión, un cambio importante en tu vida?
Finalmente he entendido un aspecto del carisma de Champagnat. He trabajado como maestro, como director de escuela, y finalmente me he dado cuenta de que eso era solamente un aspecto del carisma de Champagnat. Champagnat era tan abierto a todo y a todos..., y me ha parecido que mi Congregación tal vez lo había olvidado. En este momento no me siento capaz de hace de maestro, de profesor; mi vida es la calle junto a estos muchachos.

¿Hay otros hermanos que comparten contigo este proyecto en Goma?
Hay que explicar un poco lo que ha sucedido. El Provincial ha sabido desde los comienzos lo que estaba haciendo y se ha dado cuenta de que no buscaba dinero ni había ventajas de orden material por hacer este trabajo. Pero mantenía alguna reticencia. Le he invitado a venir a ver lo que se estaba haciendo. No lo ha aceptado de inmediato, pero insistí: “Ven y reflexiona sobre tu primera impresión.” Ha venido una segunda vez y ha visto que este trabajo era para mí un camino nuevo. Ha escuchado la opinión de diversas personas y, sobre todo ha visto lo que se había hecho con sus antiguos alumnos que habían estudiado magisterio y a siete de los cuales los he llamado para colaborar conmigo.

¿Se ha consolidado la obra?
No hemos buscado resultados numéricos sino a cada persona, cada problema, cada familia. Hemos intentado hacer un trabajo a nivel del terreno no para las estadísticas.

¡Pero hay números!
Sí, claro que hay números. Cuando iniciamos la acogida eran 24 niños que dormían en el suelo. Para Navidad eran 48 personas. Dormían sobre un suelo que se mojaba cuando llovía. Cuando hemos comenzado a reunirlos para estar juntos hemos creído que alguno de nosotros debía permanecer con ellos durante la noche. Pero el hermano tenía que dormir en la comunidad.

Colaboras con los padres salesianos, quiere decir que esta obra es obra de la Iglesia.
Este es otro signo importante para mí. No solamente hemos colaborado con los padres salesianos, también han participado las hermanas Blancas, la Fraternidad javeriana y laicos. Son cinco o seis grupos los que han colaborado. Los salesianos me han dicho en alguna ocasión que soy más salesiano que marista. (No puede evitar una sonrisa de complacencia por el halago).

Explícanos algunas características de la obra
No hemos ido a buscar a los muchachos para llevarlos fuera de la ciudad. Hemos ido al lugar concreto donde ellos estaban. No los hemos llevado a un lugar a donde ellos no querían ir sino que hemos ido al lugar donde ellos querían estar. Hemos ido nosotros donde estaban ellos en lugar de que ellos vengan a donde estamos nosotros. Puedo contar las historias de otros organismos que los han llevado a lugares creados para los niños de la calle pero se les han escapado y han regresado al mercado.
Yo les he dicho a mis colaboradores: “No tengáis miedo de que nuestros niños se vayan con otras organizaciones; en este medio de vida son más amados que en ningún otro lugar”. No nos hemos presentado como donantes de cosas sino como gente que ofrece su amistad, que puede hablar con ellos, que reconoce su valor, que conoce sus penas, que reconoce que no son pobres y miserables, sino que tienen su valor, su utilidad, su dignidad, su orgullo, su nobleza de alma. Reconocer que no es solamente pobre o mal vestido o hambriento, sino que tiene un valor propio y una dignidad. Para esta gente, la dignidad y el orgullo de ser alguien es más importante que ser el jefe.

¿Todos os ven con buenos ojos?
Cuando haces cosas buenas encontrarás siempre la contradicción que forma parte de la misma realización. Cuando haces algo valioso encontrarás por el camino alguien que siente envidia de lo que haces e intentará poner arena en los ejes. Preocuparse o promocionar a estas personas en concreto, por ejemplo buscándoles trabajo, nos pone en oposición con otros grupos sociales, concretamente con la policía. Ha sospechado de nosotros. Sospechaba que estuviéramos preparando jóvenes para la guerra. Nos han expiado, nos han seguido, nos han controlado para saber qué estábamos haciendo con estos jóvenes. (Se me dibuja una sonrisa generada entre la admiración y la comicidad). Hace reír, pero es dramático. Cuando se han dado cuenta de que no estábamos preparando un ejército en esta zona de guerra, ¡porque es zona de guerra!, han cambiado el razonamiento: “Ayudáis a estos bandidos, a estos ladrones y no nos ayudáis a nosotros que somos gente honrada”. De manera que estas personas te ponen palos en las ruedas porque no les ayudas. Pero este problema se llama corrupción. El hecho de no compartir con ellos lo que tenemos es motivo para que ellos no nos den su apoyo cuando tenemos dificultades.

Entonces, para poder hacer un intercambio...
La escuela ha iniciado con algunos que querían un poco de alfabetización. Se les daba algo de polenta que habíamos recibido de organismos internacionales, pero nuestro discurso era otro. No me puedo acercar a ellos diciendo: “Yo soy vuestro salvador. Si hacéis lo que yo os digo os doy esto o lo otro y si no lacéis no os lo doy”. Con esa actitud no se puede esperar buenos resultados. No hemos dado solamente de comer, sino que antes de dar de comer hemos aseado la cocina de estos muchachos que usan como platos las latas de conserva. Antes de dar de comer nos hemos acercado a sus personas. Al contrario de otras organizaciones que les dicen: “Venid con nosotros y os daremos de comer.” ¡No! “Vengo a comer contigo y después, si quieres, puedes venir a comer conmigo. Si vienes a comer conmigo te invito a ir a la escuela durante una hora, a ayudarme a limpiar el local”, etc. Así se ha iniciado este cambio. Tienes necesidad de mí pero no te lo hago saber, y mucho menos te lo digo. En cambio yo tengo necesidad de ti, de tu amistad y aunque no hagamos nada podemos estar aquí juntos y conversar, sencillamente estar cercanos.

¿Cómo es la vida espiritual de estos muchachos, de estas gentes?
La vida espiritual de estos muchachos es algo que sorprende porque se piensa que porque son gente de la calle no tienen el tiempo de rezar, de interiorizar el evangelio que les estamos llevando, pero es falso. Primero, a eso muchachos no los engañas. Ante estos muchachos no te puedes presentar como bueno si no lo eres, y tampoco lo puedes ocultar si eres malo. Esto que se puede interpretar desde el punto de vista relacional se puede decir desde el punto de vista espiritual. No puedes decirles vamos a misa o hagamos esta oración; lo que te captan de inmediato es si hablas de verdad y dices lo que de verdad vives.

Lo mejor de esta experiencia
La relación de amigo – amigo ha llegado a ser algo muy fuerte muy semejante a la relación padre – hijo. Esta ha sido una fuerte experiencia para mí. He tenido la sensación que tiene una madre cuando su hijo llora, grita o le da alegría. Y no solamente yo, Marino, también aquellos que han trabajado conmigo, todos aquellos que trabajamos juntos. He sentido la satisfacción de realizar la tarea de un padre o de una madre que estos niños y niñas no tenían.

El hermano Marino fue entrevistado para este Boletín en otra ocasión. Se puede ver la entrevista en el Boletín n. 157, agosto 2004.

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