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Boletín marista - Número 266

 

El proyecto Misión ad gentes pone busca tierra propicia para la siembra - Entrevista al hermano Michael Flanigan miembro del equipo que anima el proyecto
20/10/2006

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El hermano Michael Flanigan es miembro del Equipo que el Superior general y su Consejo han nombrado a partir de enero de 2006 para poner en marcha el proyecto “Misión ad gentes” y tiene como responsabilidad buscar los lugares, especialmente en Asia, donde los hermanos que se han ofrecido a participar en el proyecto puedan realizar su labor apostólica. El hermano Michael pertenece a la Provincia de Estados Unidos.

AMEstaún. El primer grupo de hermanos que participa en el proyecto “Misión ad gentes” ya han vivido una parte importante del programa que se lleva a cabo en Davao. De seis meses de duración ya ha transcurrido prácticamente la mitad. ¿Cuál es la situación actual del proyecto?
Michael Flanigan.
Sí. Los hermanos están haciendo un curso fundamentalmente de discernimiento. En realidad Davao es una segunda fase de su discernimiento personal. De los 16 hermanos que actualmente hay en Davao es posible que no todos sean destinados a una misión si es que en el proceso de discernimiento descubren que no es esa su llamada. Una cosa muy importante del curso de Davao es que además de los cursos sobre la Iglesia en Asia, sobre la cultura, etc. lo que adquiere mayor importancia es el discernimiento personal como parte de todo un proceso. Davao por tanto es una fase del proceso.

¿Cómo se piensan organizar una vez concluida esta etapa?
Una vez concluidos los seis meses, terminado el curso de Davao el quince de diciembre, regresarán a sus países de origen para pasar un tiempo con su familia y sobre todo para hacer los trámites burocráticos para conseguir los visados necesarios, el reconocimiento de títulos, etc. por parte del país al que van a ser destinados. Algunos países conceden con facilidad la visa, otros ponen más dificultades, y en otros no tenemos la seguridad de que podamos estar como religiosos. Una vez que cada hermano ingrese en el país de su destino se prevé que necesitará por lo menos un año o tal vez más para el aprendizaje del idioma propio del lugar, para conocer sus gentes, sus costumbres, su cultura, etc.

¿Se sabe ya a qué países van a ser destinados?
No. Todavía no se ha concretado a qué países serán destinados. En este mes de octubre el hermano Superior general, el hermano Vicario general, que es el encargado del proyecto “Misión ad gentes”, y el Consejo general, una vez que conozcan y analicen el informe sobre los países y las diócesis que han sido visitadas, deberán decidir cuál es el destino más adecuados para cada uno de los hermanos. Yo preveo que será en tres países donde vamos a comenzar.

¿Y, una vez que se sepa ya los países de destino?
Una vez que el Consejo tome la decisión viajaré a Davao para mantener un encuentro con cada uno de los hermanos. Esto será durante el mes de noviembre. En ese encuentro compartiremos las características de cada uno de los destinos y analizaremos tanto sus ventajas como los inconvenientes que se puedan encontrar. A partir de esta información podrán realizar un discernimiento sobre una situación concreta para decidir juntos en diciembre la opción que más convenga.

En poco tiempo has hecho dos viajes a diversos países de Asia para tratar de encontrar los lugares más adecuados para que nuestros hermanos inicien la misión. ¿Qué novedades nos puedes contar?
Sí. Para empezar es importante señalar que ya estamos en diez países de Asia. En estos viajes he visitado siete países de de los cuales cinco son nuevos y en los otros dos ya estamos presentes pero con un número de hermanos muy pequeño o con dificultades para crecer en el país, por lo que los hermanos solicitan más efectivos para consolidar allí la presencia.

¿Cómo ves la Iglesia en Asia?
De forma un tanto simplificada diría que en muchos lugares es una Iglesia asentada ya, un tanto tradicional, pero con las tradiciones de Asia. No obstante en muchas otras partes donde he estado es una Iglesia muy joven, joven en sus miembros, porque entre los fieles hay muchos jóvenes, y joven institucionalmente pues se están creando nuevas diócesis. En mi último viaje encontré cuatro diócesis con menos de diez años de existencia como tales. La Iglesia en Asia está creciendo y por tanto las diócesis tienen muchas necesidades, porque han partido casi de la nada. Una de las diócesis que visite tenía cuarenta y dos sacerdotes; todos excepto uno eran misioneros. No tienen clero autóctono; esa es una de las carencias. Uno de los deseos de los obispos es que lleguen los hermanos, en primer lugar para promover la misión, pero también para que hagan una fuerte promoción de vocaciones autóctonas para consolidar la iglesia local.

¿Con qué expectativas recibe a estros hermanos la Iglesia de Asia? ¿Qué perspectivas se abren para el trabajo misionero marista?
En cada país de los que he visitado la Iglesia nos abre las puertas con mucho entusiasmo, especialmente por el hecho de ser hermanos. Son muchas las diócesis que tiene solamente una congregación de hermanos o que carecen de ella y verían con gran satisfacción nuestra presencia allí. En una de las diócesis si los hermanos llegaran mañana, el obispo les ofrecería de inmediato seis ocupaciones distintas.

¿Qué necesidades has detectado?
En general tienen muy claras las necesidades que habría que cubrir, y en muchas partes la necesidad que apuntan como prioritaria es la educación. Les he presentado nuestro carisma como un carisma encaminado a atender a los jóvenes en cualquier campo o situación en que se encuentran. Pero en la mayoría de los lugares de los países de Asia que he visitado la necesidad prioritaria ha sido la educación. Uno de los obispos me ha dicho: Si no conseguimos educación para estos jóvenes serán pobres el resto de su vida. De modo que uno de los reclamos más reiterados por los obispos es el de la educación.

¿Cuáles son tus líneas de acción en esos países de Asia para los próximos meses?
Yo tengo dos tajos de trabajo abiertos. Uno es atender a los hermanos que han decidido participar en el proyecto “Misión ad gentes”. Colaboro con ellos para hacer un discernimiento previo antes de encaminarse a Davao. En algunos casos tengo que buscarles un modo práctico de aprender inglés porque ese es un requisito previo antes de ir a Davao dado que el inglés es el segundo idioma que aprende la gente e Asia. Durante mis viajes solamente en un país he tenido dificultad para entenderme en inglés. Una segunda responsabilidad mía es buscar los lugares donde los hermanos puedan realizar su misión. He viajado a los diversos países de Asia para ponerme en contacto con los obispos, pero también con los superiores y los miembros de otras congregaciones religiosas. En Asia la Iglesia está muy bien interrelacionada. Los religiosos y sacerdotes se conocen muy bien unos a otros y se apoyan. Para mí personalmente éste ha sido un descubrimiento muy gratificante. A través de esas visitas he podido detectar las necesidades de las Diócesis y las ofertas de trabajo que nos hacen. Cuando lleguen los hermanos al país respectivo se van a encontrar con personas con gran disponibilidad para ayudarles. Por tanto esta segunda actividad se podría resumir diciendo que busco lugares donde los hermanos puedan realizar la misión y estoy en comunicación con las diócesis y los obispos.

¿Ya se ha concretado quiénes van a participar en el segundo grupo que va a ir a Davao?
El número previsto es de 17, pero yo creo que seguramente serán menos. En estos momentos no se sabe exactamente cuántos van a participar en el curso que empezará en enero porque algunos todavía están resolviendo los problemas de visados para su viaje o pisando fuerte el acelerador para tener un nivel de inglés aceptable. Y si no lo consiguen tendrán que sumarse al grupo que inicie en julio. Estoy un poco preocupado porque tenemos muchos hermanos en lista y si los primeros grupos son pequeños en los años siguientes tendremos que hacer grupos muy numerosos para atender a todos. De momento permanezco en contacto con ellos y el 30 de octubre el Consejo general decidirá los nombres de quienes participarán en el próximo curso.

Cuando presentas a las autoridades el proyecto “Misión ad gentes”, ¿cómo lo reciben, cuál es su reacción?
El proyecto ha tenido una excelente acogida, primero entre los hermanos que han dado una excelente respuesta, pero también en las comunidades eclesiales de Asia. Esta iniciativa del Consejo general, animada por el hermano Seán, es un don del Espíritu para el Instituto. Entre los obispos y religiosos de Asia ha habido actitudes de sorpresa y desconcierto. Alguien hizo esta pregunta: “¿Los maristas disponen de más de ciento cincuenta hermanos para enviar a Asia? ¿De dónde los han sacado? ¡Sorprendente!” Realmente es admirable que tantos hermanos se hayan fiado de Dios y hayan confiado sus vidas en manos de la Providencia. Hay que agradecérselo sinceramente.

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