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Boletín marista - Número 274

 

Las voces de los niños piden nuestra solidaridad
14/12/2006

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En el camino espiritual de preparación a la Navidad los hermanos maristas hemos utilizados algunos recursos motivadores que versan sobre diversos temas. La Oficina, o Bureau, de Solidaridad Internacional (BIS), con sede en la Casa general de los hermanos maristas en Roma, es un órgano de la congregación para la formación, promoción y defensa, coordinación de proyectos, y trabajo en red en favor de la justicia, la paz y la solidaridad, particularmente en los asuntos relativos al bienestar de los niños y los jóvenes. Todos los años ofrece unos documentos en los que a través de la vida y los testimonios de los niños quiere acercarnos al misterio de la Navidad para vivirla en solidaridad con los niños y jóvenes marginados. El folleto elaborado este año para acompañarnos en el Adviento se titula: “Las voces de los niños piden nuestra solidaridad”. Este documento es un eco de las voces de los niños y jóvenes que se oyen en el mundo marista. Seleccionamos algunas de ellas para compartirlas con vosotros deseando que nos acompañéis en este camino hacia la Navidad en que Dios se encarna como un niño.


Republica Democrática del Congo
Después de años de guerra civil, los niños y jóvenes de la República Democrática del Congo esperan unas elecciones pacíficas y un nuevo gobierno que conduzca a la nación hacia la prosperidad y el desarrollo. Las elecciones están fijadas para diciembre de 2006. Este mensaje viene de los hermanos de la República. Ellos nos dicen que es el testimonio de un joven adulto llamado Bulukaoto, de Kisangani. Durante este tiempo de Adviento acordaos de rezar para que esas elecciones se produzcan en un ambiente de paz.
« Adviento », la espera del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Un mensaje del amor de Dios que quiere vivir entre nosotros « Emmanuel: Dios con nosotros ».
¿Cómo vamos a acoger a este Dios que solicita nuestra hospitalidad?
Mi país, la R.D.C., como muchos otros, está en guerra y vivimos en un período de transición lleno de incertidumbre. Dios nos enseña Solidaridad, y quiere que la vivamos entre nosotros.
Cuando miro a mi familia, mi escuela, mi país y los otros países del mundo, descubro que la Solidaridad no es un deber que cala en el corazón de la gente, porque en la calle, en la televisión, y no pocas veces en casa, sólo aprendemos egoísmo, venganza y muerte.
El Adviento nos invita a cambiar nuestro corazón para mirar el bien común, el interés de todos.
Esto es quizá lo que los políticos de mi país con ayuda de la comunidad internacional tratan de inculcarnos a nosotros, los niños y jóvenes que hemos crecido en medio de las guerras civiles. Un cambio de corazón que se manifieste en el deseo de detener la violencia y de proceder a elecciones libres, democráticas y transparentes.
Eso sería una gran alegría para mí y para muchos niños que han sido víctimas de estas guerras continuas.
En la escuela y en casa en estos momentos, no cesamos de oír palabras como elecciones, reconciliación, perdón, negociaciones, cambio etc.
Es un mensaje de esperanza para muchos de nosotros, porque hace años que sólo se nos enseñaba a odiar al otro, a matarlo.
El pueblo congoleño como muchos otros pueblos de nuestro planeta empieza a caminar hacia la solidaridad de Dios que viene a vivir en medio de nosotros a pesar de nuestras diferencias.
Estamos empezando a aprender a aceptarnos los unos a los otros, tal como somos. Deseamos hacer de nuestra diversidad un motivo de riqueza, de paz, de perdón, y no una fuente de conflicto, de guerra, de exclusión y de muerte.
Nuestra oración es que Dios haga de nosotros un pueblo solidario, que estemos abiertos a todo el mundo y dispuestos a extender su mensaje de amor y solidaridad.
(H. Michel Uhuka)


España
España, que antaño fue un imperio colonial mundial, puede presumir de una gran historia cultural. De 1936 a 1939 sufrió una devastadora guerra civil. Entró a formar parte de la Unión Europea en 1986 y se ha convertido en un país potente económicamente.
Con catorce años, Rafa disfruta del apoyo de una familia estable que le quiere. Pero también contempla un mundo donde no todos tienen la misma suerte. Y se preocupa por sus amigos, por las guerras, la pobreza y la desigualdad. (Ir. Federico Andrés Carpintero)

Soy Rafa y tengo catorce años. Vivo en la ciudad de Valladolid, en España. Estudio 2º de ESO en el colegio marista “La Inmaculada”. Tengo un hermano estupendo que se llama Kiko. Mi padre trabaja en Telefónica y mi madre en la Junta de Castilla y León. Lo que más me gusta es el ordenador y todo lo que tiene que ver con él; leer libros fantásticos, ir al cine, y también ir a dar vueltas con los amigos “por ahí”. De los deportes, prefiero la natación antes que el fútbol o el balón-cesto. De mayor no sé lo que voy a ser, no lo he pensado todavía; algo que tenga idiomas… es lo que más me interesa.
Lo que busco en mis amigos es que digan la verdad, que sean majos, simpáticos, agradables… Yo también suelo ser así. Estoy en el colegio desde los tres años (¡mucho tiempo!), desde Infantil. Entre los profesores… hay de todo. Los chicos de mi edad tienen problemas y dificultades en los estudios; algunos están marginados (nadie va con ellos) porque son violentos, a veces... A mí me va bien en los estudios y tengo amigos. Creo que lo más importante en la vida es ser feliz con lo que tengas. Y también, hacer lo que te gusta. Me preocupa lo que ocurre en el mundo, sobre todo la pobreza de la gente en los países subdesarrollados (que no tiene qué comer), las guerras (en Irak), lo que pasa cada día, los terroristas que suben a los autobuses y hacen explotar bombas… Aquí, en Valladolid, las bandas “nazis” de ideología fascista… En el mundo tendría que haber más igualdad (aunque todos somos diferentes), quiero decir: más igualdad de derechos. Cuando oigo la palabra “esperanza” creo que quiere decir que hay posibilidades… Que hay fe en que pase algo bueno. La gente debería preocuparse menos de las cosas que no tienen importancia, y disfrutar más de la vida, de los amigos, de la familia, de lo que llena el corazón.
Si alguien reza una oración, que lo haga por el mundo, por todos los enfermos; también por los que están cerca de mí, de ti, y lo están pasando mal…
(Rafa, 14 años)


Australia
Australia es un país rico en recursos naturales. Tiene una avanzada economía de mercado que compite en el mundo. Su medio ambiente es único y frágil. Actualmente se enfrenta a numerosos retos sociales, entre ellos la reconciliación con su pasado aborigen y el clamor de los pueblos de otras partes de Asia que buscan la seguridad de sus costas.
Patrick estudia en un colegio marista y sus compañeros le respetan. A sus diecisiete años no está ciego y ve las injusticias que hay alrededor. Se plantea preguntas de difícil respuesta y está preparado para el desafío de luchar por un mundo mejor.
(Ir. Chris Wills)

Me llamo Patrick, y soy australiano. Tengo 17 años. Soy católico practicante. Estudio en el colegio de los maristas de Ashgrove, en el que soy alumno capitán este año 2006. Vivo en un mundo que me ofrece innumerables oportunidades. Mi deseo sería que los demás también pudieran disfrutar de una vida tan satisfactoria como la mía. Cuando contemplo el mundo que me rodea, me entristece la injusticia que veo. Hay mucha gente que nace en medio de una dura pobreza, con escasas posibilidades en educación, alimentación básica y medios de vida. Y unos pocos tienen los privilegios que yo tan a menudo doy por garantizados. Creo que el mundo tiene que cambiar. Durante demasiado tiempo la pobreza se ha adueñado de mucha gente. Durante demasiado tiempo los ricos y afortunados se han quedado tan tranquilos dejando que reine la injusticia. Como joven que soy, miro hacia el futuro convencido de que cada uno tiene la oportunidad de actuar de manera distinta, cada uno tiene la posibilidad de tratar de hacer realidad su sueño.
Yo sueño con un mundo de igualdad donde todos vean a los demás como su familia, un mundo que no esté contaminado por la injusticia de la pobreza. Estoy convencido de que con Dios a mi lado, mi potencial –como el de todos los hijos de Dios- se torna ilimitado, y mis sueños pueden estar al alcance de la mano. “Los cambios pueden venir del poder de muchos, pero eso sólo sucede cuando se agrupan para formar lo que realmente es invencible, el poder de uno”. Sólo actuando como un cuerpo unido, con un objetivo común, puede el mundo, con sus pueblos y sus dirigentes, realizar los cambios necesarios para llegar a ser lo que siempre tuvo que ser: un lugar de amor, libertad y felicidad para todos. Ya es hora de dejar de preguntarnos “¿por qué es el mundo así?” y empezar a preguntar “¿qué puedo hacer yo para arreglarlo?”. Las acciones de cada persona serán las que contribuyan finalmente a crear el mundo del futuro; de aquí que la responsabilidad esté en todos nosotros. Yo rezo para que haya un día de mañana mejor para este mundo en el que vivimos, para que Dios conceda oportunidades e igualdad a los que son menos afortunados que yo. Pido por todos los seres humanos, vivan donde vivan, para que puedan encontrar a Dios en el viaje de sus vidas. Rezo por los dirigentes del mundo, presentes y futuros, para que pongan la mirada en nobles objetivos, sepan tomar decisiones con valentía, amor y compasión, y estén al servicio del bien común de toda la humanidad.
Que Dios nos conduzca a todos en nuestro camino, para que acertemos a vivir como Jesús nos enseñó, amándonos unos a otros como si fuéramos una familia. Que nuestras personas brillen con las cualidades que el Señor nos ha dado. Y que todos puedan gozar de oportunidades para desarrollar esas cualidades y llevarlas a plenitud como hijos de Dios.
(Patrick, 17 años)


México
México es una nación donde la opulencia y la pobreza, el esplendor natural y la degradación urbana, van de la mano.
Alejandro vive en el distrito federal, centro del gobierno y del desarrollo económico. Él tiene suerte de haber nacido en una familia en la que el trabajo y el apoyo recíproco dan estabilidad y buen nivel de vida a sus miembros. A pesar de ello, Alejandro no está inmunizado contra los problemas que hay alrededor de él, y es consciente de ello. Advierte la influencia positiva que ha tenido el entorno escolar en su fe y en su crecimiento social. El derecho a la educación es fundamental para el proceso evolutivo de una persona. (Srta. María Socorro Álvarez Noriega)

Me llamo Alejandro, tengo 12 años, soy mexicano. Vivo en Ciudad de México. Me gusta ver la tele, jugar al nintendo y al fútbol, ir al cine y muchas cosas más. Tengo dos hermanos que se llaman José Manuel y Santiago, que es mi “cuate” (mellizo). Mi papá se llama José Manuel y mi mamá Ana María. En mi vida me han pasado dos cosas que me dieron mucha tristeza: hace dos años murió mi primo Cristóbal, y el año pasado se murió mi perrita.. Yo los quería mucho, pero por mala suerte a los dos los atropellaron. Lloré mucho, hasta en la escuela, y como los dos eran muy chicos, me dio mucha más pena. Estoy contento en la escuela porque tengo amigos con los que juego o hablo. Sé que siempre podré contar con ellos. Mis papás me apoyan mucho, excepto cuando mis hermanos y yo nos peleamos. Mi papá trabaja mucho, pero en los tiempos libres está conmigo. Mi mamá también está muy ocupada pero siempre está a mi lado. Ellos me han dado todo lo que he querido, aunque sin exagerar. En casa no tenemos problemas con el dinero ni con el tiempo, como les pasa a otros que sus papás no pueden acompañarlos a los sitios. Esto se lo puedo contar a los que conozco bien, pero a los demás no, porque me mirarían con cara de extrañeza. Mi mamá me ha dicho que ella iba andando a la escuela, porque antes México era más seguro y había menos coches, pero a mí todavía ni me dejan ir solo a la escuela. Creo que México es un país que tiene muchas tradiciones bonitas, pero es muy inseguro. Mi barrio antes estaba casi vacío, pero ahora está lleno de coches y de basura. Lo que me da esperanza es hablar con gente que me ayuda, ver algo divertido, o sencillamente pensar que habrá un futuro mejor para el mundo, para mi país, para mi barrio, para los pobres. Quiero que hagan más escuelas para que ningún niño se quede sin estudiar y para que todos tengamos las mismas oportunidades.
Me gustaría que recéis por los pobres, porque mi maestra me dice que en ellos se refleja el rostro de Dios.
(Alejandro, 12 años)


Sri Lanka
Sri Lanka es una pequeña nación isleña en forma de lágrima, situada al suroeste de India. Se habla de ese país como de una joya, con sus serenas playas festoneadas de palmeras sus frondosas montañas y magníficas cascadas. Pero bajo esta superficie pacífica hay un interior violento. Durante casi dos décadas, la isla se ha visto lacerada por una amarga guerra civil provocada por las tensiones étnicas. En la década de los 80 estalló la guerra civil entre los nacionales sinhala y los rebeldes tamiles del norte deseosos de autodeterminación. Para cuando se pudo alcanzar el alto el fuego y un principio de acuerdo político, en 2002, ya habían muerto más de 60.000 personas, y la economía del país estaba en ruinas. En diciembre de 2004 el país sufrió un devastador desastre natural cuando varios tsunamis seguidos provocaron 30.000 víctimas y dejaron a muchos miles de habitantes sin hogar. El año pasado han vuelto a rebrotar los conflictos étnicos, poniendo en cuestión la esperanza de una paz duradera. Shaveen tiene 15 años y se pregunta qué futuro va a tener su país. (Srta. Nirmala)

Me llamo Shaveen. Tengo 15 años, y vivo en Sri Lanka. En casa somos cinco, mis padres, dos hermanos mayores y yo. Actualmente me estoy preparando para sacar el graduado escolar. Los exámenes son a fin de año. Estudio en el “Maris Stella College” de los Hermanos Maristas, y pertenezco a un grupo de scouts. Antes, Sri Lanka era un país pacífico, pero ahora las cosas han cambiado. La paz y el amor con que vivían nuestros antecesores no se ha transmitido a la generación actual. En lugar de pensar en los demás, la gente anda en busca del dinero y el poder. Yo entiendo que todos necesitamos tener los problemas básicos resueltos, pero da la impresión de que muchos sólo quieren su propio beneficio. De esa manera no les queda tiempo para ayudar a los demás. Según las estadísticas, los cristianos sólo son el 8% de Sri Lanka. Aun siendo pocos, ellos deberían tomar la iniciativa para reconstruir la paz en nuestro país. Si no, la situación se volverá peor. Ésta es la época de Adviento. Durante este período nos preparamos para la Navidad, la conmemoración del nacimiento de Jesucristo. Adornamos los árboles de Navidad y ponemos los belenes. También pintamos nuestras casas, hacemos compras, y celebramos fiestas para compartir la alegría de la Navidad. A la vez que hacemos todo eso, tenemos que entender ante todo lo que significa la Navidad, para cambiar nuestros corazones y prepararnos bien al nacimiento del Señor. De esa forma experimentaremos la felicidad que Jesús vino a traer a este mundo. Como seguidores de Jesús, debemos disfrutar de paz en nuestras casas, colegios, lugares de trabajo etc. Para tener esa paz debemos tender las manos a los demás, olvidando nuestro egoísmo. Hay que usar los talentos que hemos recibido de Dios para hacer felices a los demás. Cuando Jesús vivía en la tierra, siempre pensó en los otros con corazón amoroso y estaba dispuesto a perdonar y ayudar. Jesús quiere que seamos como Él. Entonces nuestro país será un lugar mejor para vivir.
Para eso tenemos que rezar todos los días y estar cerca del Señor, y ayudar a los demás, y hablarles de Dios. Si hacemos estas cosas, no será difícil volver a tener la paz en nuestra tierra. Yo espero que el pueblo de Sri Lanka comprenda el mensaje que trajo Jesús. Y pido a los que estáis leyendo estas líneas que recéis con esa intención.
(Shaveen, 15 años)

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