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Boletín marista - Número 289

 

¿Quién es el más importante? (Marcos 9,30-37) - Blog marista – H. César Henríquez
29/03/2007

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Hoy recogemos aquí algunas reflexiones del hermano César Henríquez, de la Oficina de Solidaridad Internacional (BIS por sus siglas en inglés) en Ginebra, acerca de los derechos de los niños.
Al difundir estos contenidos por este medio pretendemos también animar a nuestros lectores a enviar sus comentarios a los blogs a través de la web.


Participación
Enviado en 16/03/2007

El artículo 12 de la Convención de Derechos del Niño establece un derecho que es al mismo tiempo uno de los Cuatro Principios Generales que ayudan a la interpretación de la Convención en su conjunto y orientan su aplicación. El artículo proclama el derecho de “expresar su opinión libremente en todos los asuntos que afectan al niño, teniéndose debidamente en cuenta las opiniones del niño, en función de la edad y madurez del niño”.
Este tema sale finalmente a colación después de varios meses de dar vuelta en mi cabeza, pues hace pocos días me he encontrado con la letra de una canción de Javier Álvarez (Somos la Edad del Porvenir): “Nos dictan siempre somos la edad del porvenir, / nos van dictando cómo nacer, cómo vivir. / Nos dictan normas que sin querer hay que cumplir / nos dictan todo porque hay que saber elegir”. Desde hace varios años he constatado que hacer propuestas no es una de las características más fuertes de los adolescentes. ¿No será que les hemos acostumbrado a que otras personas tomen decisiones por ellos y ellas, a que les den las cosas ya hechas? Muchos jóvenes manifiestan su indiferencia por los grupos y asociaciones: ¿a qué responde este hecho? Sería muy simplista decir que “los jóvenes han perdido el interés”; y deberíamos preguntarnos si no estamos frente a manifestaciones de una situación más amplia y compleja.
Aquí mismo, en estas reflexiones, no he encontrado una respuesta o comentario por parte de un o una adolescente… o de un niño o niña… me respondo a mi mismo que no están dirigidas a ellos (incluso éste). ¿Nos pasa lo mismo en nuestras obras maristas? ¿Qué espacios tienen los niños y jóvenes para opinar? Y si tienen espacios de opinar ¿cómo se toman en cuenta sus opiniones? ¿dialogamos con ellos y ellas? Los niños, niñas y jóvenes en nuestras obras maristas ¿se sienten escuchados y tomados en cuenta?
Siendo educador, en el ministerio de pastoral juvenil o como orientador, he buscado ser un “compañero de camino” en lugar de un “dictador”… pero no puedo recordar con exactitud si en alguna ocasión les pregunté a ellos cómo interpretaban mis intervenciones. Pues por experiencia sé que aquello que decimos y lo que las demás personas entienden no siempre es lo mismo.
Nos preparamos a una Asamblea Internacional de la Misión Marista. Las voces, las inquietudes, los intereses de los niños, niñas y adolescentes de nuestras obras maristas, de aquéllos y aquéllas a quienes no llegamos… ¿estarán presentes en los corazones y mentes de quienes asistan a la Asamblea? La Escucha, la Acogida, la Aceptación y el Amor Incondicional, tan característicos de la Pedagogía Marista: ¿tienen formas concretas de manifestarse (y se notan, y se sienten) en nuestra acción educativa y evangelizadora? Las opiniones de los niños y jóvenes ¿tienen peso en nuestras obras maristas?




Violencia en las escuelas
Enviado en 14/02/2007

Uno de los hermanos maristas que fue mi maestro solía dar golpes a los alumnos como castigo. Yo mismo recibí un par de coscorrones por conversar con mi vecino en horas de clase. No guardo rencor contra el hermano, pero sí estoy convencido que su proceder no era el adecuado. El castigo físico era (y aún es en muchos lugares) tolerado como medio de disciplina. No estoy de acuerdo. Ninguna forma de violencia debe ser reconocida como una manera de disciplinar y educar a los niños y niñas.
El Estudio sobre Violencia contra la Niñez, que se publicó el año pasado, revela que muchos niños y niñas son víctimas de violencia en las escuelas, por parte de los adultos que deben cuidarlos o por parte de sus mismos compañeros y compañeras. No son raras las noticias que nos llegan por diferentes medios, relatando sucesos de violencia contra los niños en el ámbito escolar.
La violencia está a la orden del día: conflictos armados, inseguridad ciudadana, pandillas, delincuencia, abusos… ¿Por qué la violencia? ¿Cuál es su origen? Profundizar en el tema de la violencia y sus causas va más allá del alcance de esta corta reflexión. Me interesa subrayar el aporte que estamos llamados a dar, como familia marista, para combatir todo tipo de violencia, y en particular, la violencia contra los niños y niñas.
La historia de Marcelino nos es familiar. Él se negó a regresar a la escuela al presenciar un manotazo que un profesor dio a uno de sus compañeros. Y, en los años posteriores a la fundación de los Hermanos, les prohibió que aplicaran castigos físicos a los alumnos. Siendo profesor en escuelas maristas, he podido comprobar que el ambiente de familia, la formación en valores y la presencia de educadores y educadoras que son referente positivo para sus alumnos, son elementos suficientes para promover una escuela sin violencia y para ayudar a los niños y jóvenes a enfrentar las dificultades de manera creativa, y sin usar la violencia. Me sirvió de mucho la manera que tenía Marcelino para amonestar a alguien por haber cometido una falta: “La primera vez, te doy un aviso; la segunda, me debes; la tercera, pagas”. Pocas veces tuve necesidad de hacer “pagar” a alguien. Y cuando tuve que hacerlo, fue después de conversarlo y en acuerdo con el alumno… y sin necesidad de hacer uso de la violencia.
Me pregunto si como Maristas estamos haciendo lo suficiente, no sólo para erradicar la violencia en nuestras escuelas, sino para animar a los jóvenes a tomar postura en contra de la violencia y ser promotores de paz y de diálogo constructivo dentro de nuestras sociedades. ¿Qué opinas?


Una voz por los niños
Enviado en 26/01/2007

Se necesita una voz que transmita seguridad para calmar a un joven angustiado por los problemas en su hogar, una voz amiga que sepa alentar los sueños de una joven adolescente, una voz alegre que invite al tiempo libre y al descanso, una voz firme que apoye a los jóvenes en el difícil camino del crecimiento.
Se necesita una voz serena que de paz al joven que, en una casa de rehabilitación, lucha por superar su adicción a la droga; una voz suave que comparta las confidencias de una niña que ha sido liberada de una casa de prostitución; una voz que cante las canciones de cuna que no escucharon los que fueron abandonados al nacer, o los que fueron robados para ser vendidos en adopción. Una voz que acompañe las risas de los niños que nunca jugaron, y que despierte una sonrisa en los rostros rígidos por el dolor, de esos rostros acostumbrados al duro trabajo bajo el sol. Una voz que dé calor para los niños que duermen en la calle, y que dé confianza a los que están recluidos en un centro de detención.
Una voz que invite a regresar a los niños que participan en los conflictos armados, que acompañe a los niños y niñas que tuvieron que migrar, dejando atrás familia, amigos y su tierra; que haga sentir en casa a los niños que no pertenecen a ninguna parte. Se necesita una voz que estimule a los niños que han escuchado humillaciones toda su vida, que suscite ilusiones en aquéllos que no tuvieron una oportunidad, que consuele a los niños y niñas que han sido golpeados. Una voz que pida la opinión a los niños que nunca fueron tomados en cuenta.
Se necesita una voz que muestre a Dios, que sea presencia de Dios, con el tono, más que con las palabras. Que hable de Dios sin imponer. Una voz que evoque la ternura de María y que, haciendo eco de la voz de Jesús, ofrezca a la existencia nuevos horizontes de vida y esperanza.
Y que esta voz se haga oír, y que grite al mundo las esperanzas, los sueños y las necesidades de los niños y las niñas. Una voz que hable de los que nadie habla, de los ignorados, de los escondidos, de los olvidados. Se necesita de esa voz, que inquiete y cuestione al mundo. Una voz que hable de lo que conoce, desde su amor por los niños y niñas, y desde su compromiso y su pasión por la misión de Jesús. Es una voz que no hablará sola: muchas otras voces se le unirán, para hacerse oír juntas por los niños y niñas del mundo.
Esa voz, ¿puede ser la tuya?

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