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Boletín marista - Número 310

 

Espiritualidad marista que mana de la tradición de Marcelino Champagnat
04/10/2007

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La celebración de la misa de la fiesta de san Marcelino ha sido el momento solemne para hacer público el documento sobre la Espiritualidad marista titulado “Agua de la roca”. El 20º Capítulo general (2001) “recomendó que se continuara animando la reflexión sobre nuestra espiritualidad y que se plasmara en un documento similar al de Misión educativa marista” editado en 1998.

El título de este documento se ha inspirado en el salmo 114, 8: “Cambió la roca en fuente de agua”. Marcelino vivió el evangelio con estilo propio, reflejo de su carácter y de su espiritualidad. Él fue el inspirador de la comunidad del Hermitage. En torno a la construcción de una casa material edificó una comunidad espiritual en la que los hermanos se reconocieron como miembros de una misma familia. La casa material, cimentada sobre la roca y asentada junto a un río de agua viva, es símbolo de la casa espiritual, que invita y acoge a los hombres y mujeres de nuestro tiempo a reunirse para vivir la fraternidad marista. Esta casa espiritual se fundamenta en la roca firme que es Cristo de la que manan los ríos de agua viva en los que saciaron su sed Marcelino y sus hermanos. De esta solidez de la roca y de estas fuentes de agua viva extrajo sus mejores energías la espiritualidad de Marcelino y sus hermanos.

El documento, de 120 páginas, que ha pasado por el tamiz de 8 borradores previos antes de ser impreso, enumera en el índice diez apartados. Inicia con una presentación del hermano Seán Sammon, Superior general, donde afirma que “nosotros hemos recibido la espiritualidad de Marcelino Champagnat y de nuestros primeros hermanos como una preciosa herencia (C 49) que ha sido adaptada y actualizada por cada una de las generaciones anteriores, manteniendo su dimensión mariana y apostólica. A nosotros nos corresponde ahora encarnarla en las diversas culturas y situaciones en las que el Instituto se halla presente”.

Le sigue una introducción donde se hace un poco de historia del camino recorrido por este documento. “A la muerte de Marcelino, en 1840, la espiritualidad marista se había desarrollado, pero no estaba sistematizada. Sus discípulos empezaron a escribir un conjunto de textos que describían esta espiritualidad. Fueron significativos: la Vida de Marcelino Champagnat (1856), Biographie de quelque frères (1868), Avis, leçons, sentences et instructions (1868) y Annales de l’Institut (Iniciados en 1884 por el hermano Avit)”. También se afirma en la introdducción que “el Manuel du Piété (1855) fue el primer texto en el que cristalizó una noción de la espiritualidad de Marcelino y de la primera generación de hermanos, particularmente en lo referente a su manera de relacionarse con Jesús y María”.

Los cinco grandes apartados, como riachuelos que nacen de estas fuentes maristas, desarrollan el contenido fundamental del documento. Cada apartado se inicia con el enunciado de frases que leídas una a continuación de la otra ponen de manifiesto la unidad armónica de sus contenidos. “Saciados en los ríos de agua viva, caminamos en la fe, como hermanos y hermanas; anunciamos la Buena Noticia a los pobres y soñamos nuevos sueños”. El documento se cierra con tres apartados técnicos donde se recogen algunas preguntas para la reflexión, a modo de guía de lectura, las notas explicativas y un glosario de algunos términos que se utilizan en el cuerpo del texto.

De forma muy sintética se pueden enunciar algunas de las novedades que recoge este documento. La estructura del conjunto del documento parte de la Palabra de Dios. En cuanto a los destinatarios, se dirige, por primera vez, conjuntamente a hermanos y laicos. Se matiza, ya desde los inicios, que esta espiritualidad brota de la tradición de Champagnat, porque la espiritualidad marista también la comparten otras ramas de la familia marista. No ha recogido en el título ninguna adjetivación de la espiritualidad marista, dejando así abierto el abanico de calificativos que se le pueden poner, pero sin privilegiar unos por encima de otros.

La presentación gráfica ha privilegiado la imagen simbólica porque ha querido usar un lenguaje plástico que recogiera la internacionalidad de esta espiritualidad, tratando de evitar la marginación de aspectos culturales de algunas regiones o países. En ese sentido siempre pecará de provisionalidad.

Ha sido un documento largamente trabajado por un Comisión internacional numerosa y plural. El hermano Seán, en su carta de presentación, ha dejado constancia de este esfuerzo y de su gratitud a cuantos han colaborado. “Aunque son bastantes los que han jugado un papel importante en la elaboración del documento y sus contenidos, ha habido un grupo en particular, compuesto por hermanos y laicos maristas de diversos países, que han conducido este proyecto de principio a fin. Mi agradecimiento a todos los que han tomado parte en el empeño, sobre todo a las personas integrantes de la Comisión Internacional: Hermano Benito Arbués, FMS, hermano Bernard Beaudin, FMS, hermano Nicholas Fernando, FMS, hermana Vivienne Goldstein, SM, hermano Maurice Goutagny, FMS, hermano Lawrence Ndawala, FMS, hermano Spiridion Ndanga, FMS, hermano Graham Neist, FMS, Bernice Reintjens, Agnes Reyes, Vanderlei Soela, hermano Miguel Ángel Santos, FMS, hermano Luis García Sobrado, FMS, y de manera especial el hermano Peter Rodney, FMS, miembro del Consejo general, que coordinó las tareas del grupo”.

Este documento quiere ser un referente básico para la formación conjunta de hermanos y laicos y para animar la vida espiritual de las comunidades y de las Provincias. El Consejo general desea que todo el mundo marista le brinde una acogida calurosa y ferviente con la proclamación de un “Año de espiritualidad marista” que se iniciará el 7 de octubre de 2007. El eslogan que centrará la atención durante este año de espiritualidad será: “Agua de la roca, fuente de vida”.

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