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Boletín marista - Número 53

 

Hungría e los gitanos
27.02.2003

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EN HUNGRÍA, TRES VIOLETAS ENTRE LOS GITANOS
Hermano Mateo González


La reimplantación marista en Hungría
El 16 de septiembre pasado se celebró el 12 aniversario del feliz regreso de los hermanos a Hungría, enviados por iniciativa del hermano Charles Howard y su Consejo General.
Recuerdo con gozo la ilusión con la que los hermanos llegamos a este país, pocos meses después de la caída del muro de Berlín, para relanzar el carisma marista de los hermanos que nos precedieron.
Fueron numerosas las muestras de apoyo y simpatía que recibimos de muchos hermanos y de las Provincias maristas, especialmente de Europa, en estos inicios inciertos. Nuestros primeros pasos en el estudio de la lengua, en el conocimiento de la realidad de un país recién salido del comunismo, y en la inculturación, fueron fruto, en gran parte, del apoyo de la población local y en particular de los jóvenes, que nos acogieron con los brazos abiertos.
Desde el inicio, y respondiendo a una de las prioridades de la Conferencia Episcopal Húngara, nuestro campo apostólico estuvo bien determinado: ofrecer nuestra ayuda y estilo marista para la puesta en marcha y posterior funcionamiento de la escuela parroquial Apor Vilmos en Győr. En la actualidad ésta cuenta con más de mil alumnos y un internado de más de 200. Su funcionamiento es satisfactorio y, en buena parte, podemos afirmar que se ha conseguido el objetivo propuesto cuando llegamos a Győr. Una comunidad de cuatro Hermanos (Francois, Rémi, Misi y Juanjo) sigue presente en dicha localidad centrando su labor en la escuela.

Un nuevo desafío
Hace cuatro años, los hermanos del Sector iniciamos un proceso de discernimiento con el fin de abrir una nueva comunidad en el país, de acorde con las orientaciones de nuestros últimos Capítulos generales y en el espíritu de la refundación del Instituto: acercamiento a la realidad de los más pobres, presencia en campos de frontera, diversificación de nuestra misión marista, solidaridad...
Tras un año de discernimiento y apoyados por el CIH (Consejo Interprovincial de Hungría, compuesto por las provincias de Beaucamps St-Genis-Laval y Cataluña), nos decidimos por abrir una comunidad en un barrio marginal de la ciudad de Esztergom, en el que se respira la miseria en todos sus sentidos: material, religiosa, educativa, relacional, familiar...
Actualmente tres hermanos (Bruno, Peter y yo mismo) compaginamos nuestras clases en una escuela parroquial con nuestro servicio a la población gitana en medio de la que vivimos, y a la parroquia cercana.

Tres violetas entre los gitanos de Esztergom
Nuestra comunidad de inserción entre los gitanos de Esztergom quiere ser un testimonio evangélico al estilo marista, con perfume a tres violetas. Los hermanos estamos presentes y compartimos la vida de estas 250 personas pobres: sus esperanzas y dificultades, sus frustraciones y mejoras, su cultura e intento de inserción social... Hemos sido aceptados como miembros de esta comunidad gitana, a pesar de que no llegan a entender el que no estemos casados (y se han ofrecido generosamente para ayudarnos a solucionar esta “carencia”).
Muchos de los problemas con los que se enfrenta nuestra gente tienen su origen en la falta de educación. De aquí que los hermanos hayamos optado principalmente por ocuparnos de los niños y jóvenes, transmitiéndoles cariño y los valores que les ayuden para su presente y futuro. Con los adultos guardamos una estrecha relación y a menudo prestamos un servicio de asistencia.

“Nuestra Casa”
Desde marzo de este año, disponemos de un Centro Juvenil al lado de nuestra residencia, en el que acogemos unos 60 niños y jóvenes gitanos cada tarde, en edades comprendidas entre 2 y 25 años. Le hemos dado el nombre simbólico de “Nuestro Casa”.
Para entrar en dicho Centro el único requisito es que el niño nos enseñe las manos, que tienen que estar limpias; el peor castigo que se le puede aquí dar a un niño es decirle: “mañana no podrás entrar en el Centro”.
Las actividades se desarrollan cada tarde de 16 a 19 horas, cuando los niños regresan de la escuela; los fines de semana tenemos deportes y película educativa de video; en las vacaciones organizamos excursiones y campamentos; juntos celebramos las diferentes festividades anuales.
En todo ello nos ayudan 5 educadores más dos voluntarios. Los recursos económicos para su funcionamiento quedan asegurados por nuestra fundación “Corazón sin fronteras”.
Las actividades de la tarde se suceden entre el estudio, los trabajos manuales, el ordenador, juegos, música y danza gitana... y un club de encuentro y charlas, y de orientación laboral para los mayores.

Los objetivos de “Nuestra Casa”:
1. Potenciar las capacidades personales de los niños.
2. Asimilar valores y hábitos de higiene y conducta que favorezcan la socialización.
3. Ampliar conocimientos de la cultura gitana y húngara que favorezcan la identificación con su propia cultura y la integración.
4. Fomentar el sentimiento religioso respetando las diferentes creencias de una forma ecuménica.
5. Ofrecer espacios adecuados para diferentes actividades educativas, lúdicas y sociales.
6. Ofrecer información y ayuda sobre la orientación profesional y la informática.

En fin, “Nuestra Casa”, pionera en Hungría en este tipo de misión, está abierta a todos, en especial a aquellos niños pobres que desde sus ventanas desean contemplar las maravillas del mundo, bajo la mirada materna de María y del padre Champagnat.

(PRESENCE MARISTE, nº 234. 1r. trimestre 2003, páginas 6 y 7)

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