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Boletín marista - Número 67

 

Javier Espinosa y Santiago Cisneros
06.05.2003

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Javier Espinosa:
“Bajé al encuentro con Dios ante un enfermo terminal de Sida”.
Santiago Cisneros:
“Los acontecimientos me han acercado al Dios de la historia”

LA ESPIRITUALIDAD APOSTÓLICA MARISTA,
UN CAMINO COMÚN PARA HERMANOS Y LAICOS

H. Lluís Serra


El hermano Javier Espinosa, 58 años, nació en Tafalla, España. Antes de cumplir los 20 fue a América Central, cuya Provincia Marista comprende actualmente El Salvador, Guatemala, Puerto Rico, Costa Rica y Nicaragua. Cursó estudios universitarios de Teología en Roma. Ha sido Provincial en dos épocas distintas. Ha sido nombrado director del Centro de Espiritualidad, que se encuentra en El Escorial, destinado a hermanos de lengua española y portuguesa. Sustituye en ese cargo al hermano Santiago Cisneros, 60 años, nacido en Quintana de Raneros, España. Fue también a América Central. Cursó estudios universitarios de Teología en Madrid y Guatemala. Su hermano Moisés, también marista y comprometido en el campo social, fue asesinado en Guatemala en 1991. Ha sido Provincial y actualmente es director del Centro de Espiritualidad en El Escorial.
A los dos, les formulo mis preguntas.

Hoy se habla mucho de espiritualidad apostólica marista… Defínanmela en pocas palabras…
Javier - Es la espiritualidad del apóstol, del que sabe encontrarse con Dios en la misión, contemplándole, en nuestro caso, en los niños y los jóvenes, en el hermano y en el necesitado, con una especial cercanía.
Santiago - Es un estilo de vida centrado en Dios, a quien encontramos en el mundo, en la historia, en el pobre y en nosotros mismos. Esto da un modo particular de seguimiento de Cristo hoy y aquí, como María, bajo la acción del Espíritu, que nos compromete con el Reino.

¿Se trata de un tema que interesa sólo a los hermanos o también su reflexión se abre a los laicos?
Javier - Abiertamente es el camino espiritual de todos los que comparten el carisma marista, de todos los que se inspiran en san Marcelino. La pasión por extender el Reino tanto de laicos como de hermanos, se convierte en camino de comunión con Dios.
Santiago - Esta espiritualidad está siendo recibida hoy, por los laicos, con mucho agrado, como un verdadero camino de encuentro con Dios en la vida cotidiana. Es dar respuesta a la preocupación de Karl Ranher, que decía: “El cristiano del futuro o es un místico, es decir, una persona que ha experimentado algo, o no es cristiano”.

¿Cómo puede un laico, inmerso en las tareas del mundo, inspirarse en esta espiritualidad, que parece ser tan específica marista?
Javier - Creo que los laicos hacen más inteligible y hasta enriquecen el camino que nos dejó Champagnat de amar a Dios desde el mundo y amar al mundo desde Dios. La realidad y la historia en donde están ellos más inmersos les permite comulgar con Dios comulgando con los dramas y esperanzas de los hombres y mujeres de nuestro mundo.
Santiago - Hay dos elementos que es preciso resaltar: espiritualidad y apostólica. Los dos están muy presentes en la vida del cristiano, consagrado por el Bautismo y comprometido en la construcción del Reino desde la vida diaria. También es preciso tener en cuenta que lo marista, felizmente, ha roto las barreras de “ser para los hermanos” y está siendo hecho vida por muchos laicos.

La palabra marista puede ser un poco ambigua. ¿Quiere indicar que se trata de una espiritualidad que pertenece a los maristas o más bien de una espiritualidad mariana, es decir, inspirada en María de Nazaret?
Javier - A mi entender lo más destacado de este camino espiritual como es el encuentro con Dios en la vida, en las personas y en los acontecimientos a partir de la pasión misionera que vivió Jesús, lo compartimos con muchos creyentes. Lo marista es el color que adquiere ese camino espiritual en nuestro carisma, y que al mismo tiempo se enriquece con rasgos marianos. Por eso dirán nuestras Constituciones que nuestra espiritualidad es mariana y apostólica (cf C7).

¿Cuáles son los rasgos más importantes de esta espiritualidad?
Santiago - Es una espiritualidad que se orienta a encontrar a Dios en la vida cotidiana: personas, acontecimientos, apostolado... se convierten en “sacramento”, es decir, lugar de encuentro con Dios. Esto, en la medida en que sabemos “leer” la realidad de forma trascendente, tratando de descubrir el mensaje que Dios nos envía a través de ella. De esta forma entramos en la relación de amar a Dios desde el mundo y amar al mundo desde Dios.
Javier - También es característica de esta espiritualidad el hecho de que ayuda a unificar nuestra vida: ya no hay “tiempos para orar” y tiempos para hacer o para vivir”; todo queda traspasado por la acción del Espíritu. La oración tiene “sabor a vida” ya que la vida resuena en la oración; y, al mismo tiempo, la oración nos urge a dar una respuesta a las necesidades, nos compromete a trabajar por el Reino. Esta fue la dinámica de Jesús, a quien seguimos con María, como compañera de camino.

¿Cómo pueden las personas interesadas en esta espiritualidad encontrar orientaciones y recursos para crecer en ella?
Santiago - Creemos que el documento del XIX Capítulo General es muy orientador. Existe una Circular del hermano Charles Howard sobre la Espiritualidad Apostólica. La RED de Espiritualidad, en sus diversas lenguas, dispone igualmente de subsidios de reflexión. Periódicamente se tienen Encuentros de reflexión y experiencia a niveles interprovinciales y provinciales. Se han promovido retiros y encuentros varios sobre esta espiritualidad para laicos y hermanos. Consideramos que la mejor forma de adentrarse en este campo es participando en los variados encuentros que se organizan.

Háblenme de su experiencia personal sobre el tema…
Javier - En mi proceso de fe debo afirmar que la experiencia de solidaridad antes del XIX Capítulo General me ayudó. Experimenté el “bajar al encuentro con Dios” en largas horas de oración y contemplación ante un enfermo terminal de Sida. El participar de la Comisión capitular que reflexionó el tema me hizo más sensible a este camino de fe. Si bien estoy muy lejos de hacer de Jesús el centro de mi existencia, intento buscarle y encontrarle en la vida. Cordialmente me estimula el tema.
Santiago - En los momentos más difíciles de la situación socio-política de El Salvador me fui dando cada vez más cuenta de la dicotomía entre fe y vida, entre oración y apostolado, entre ser religioso y el compromiso con la justicia y la solidaridad. El proceso de unificación, en el cual sigo aún, ha quedado reforzado por situaciones como la participación en dos Capítulos generales, el acercarme a la realidad cruda de Centroamérica y la muerte de mi hermano en 1991. Me he acercado poco a poco al Dios de la historia, al Dios inmerso en la vida de los hombres y en mi misma vida. En estos últimos años me ha ayudado, de modo especial, el participar en los encuentros de la RED de España; también el estar en este Centro de Espiritualidad, donde reflexionamos y oramos desde la Espiritualidad Apostólica, y pedimos este Don que unifica la vida en Dios.

Parece ser que detrás de la espiritualidad apostólica marista hay un intento de dar unidad a la espiritualidad y a la misión en la vida de los seguidores de san Marcelino. ¿Creen que es posible?
Javier - El ejemplo de Marcelino nos dice que es posible integrar acción y contemplación, amor a Dios y amor al hermano, espiritualidad y entrega a los demás. Es el amor el que convierte la vida en materia de contemplación para descubrir a Dios amorosamente presente en ella. La síntesis del amor es la que conduce a esa experiencia habitual de Dios. La integración en el amor permitió a Henri Vergès o a los mártires de Bugobe entregar su vida. Aunque es posible esta unidad, es al mismo tiempo cierto que todavía vivimos dicotomías, activismo y dispersión que nos dificultan integrar nuestra vida.

¿Qué rasgos de esta espiritualidad son particularmente atractivos para los jóvenes?
Santiago - Sentimos que sintonizan fácilmente los jóvenes con esa búsqueda de Dios a partir de la historia, de los acontecimientos, de la vida, de la naturaleza. Es una espiritualidad que concuerda con el gesto solidario, la lucha por la justicia, el compartir fraterno, el discernimiento y la búsqueda de los jóvenes. Para unos jóvenes da sentido a su acción comprometida por el mundo, para otros proporciona caminos de interioridad y mística. La imagen de Dios que aparece en esta espiritualidad es la de un Dios cercano, presente en lo más profundo de la persona, Señor de la historia, que está de corazón en cada cosa, transparente en la belleza y en el bien. El joven es sensible a esta imagen de Dios que abarca todo el ser y envuelve toda la vida.

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