Inicio > Biblioteca > Boletín marista > Número 84 (24.07.2003)

 

 


 



 


Ernesto Sánchez, Superior general

El nuevo comienzo ya ha comenzado
H. Ernesto Sánchez, Superior general



 

FMSI

Conectarse

Hermanos maristas

RSS YouTube FaceBook Twitter

 

Foto de hoy

Perú: Colegio Manuel Ramírez Barinaga, Lima

Hermanos maristas - Archivo de fotos

Archivo de fotos

 

Últimas novedades

Archivo de novedades

 

Calendario marista

19 noviembre

Santos: Crispin, Ponciano, Abdías

Calendario marista - noviembre

Boletín marista - Número 84

 

El hermano Manuel Mesonero, nuevo Doctor en Teología
24.07.2003

Bajar WORD

LA ESPIRITUALIDAD DE SAN MARCELINO

H. Lluís Serra

El hermano Manuel Mesonero, 43 años, nació en Peñaranda de Bracamonte, Salamanca, España. Pertenece a la provincia de Madrid. El 16 de mayo presentó en el Teresianum de Roma la tesis doctoral titulada: “Espiritualidad de san Marcelino. A partir del estudio crítico de la biografía”. Fue dirigida por el padre carmelita François-Marie Lethel, obteniendo la máxima calificación. Su estudio, con pequeños cambios, ya ha sido publicado en un libro en castellano con una tirada cercana a los mil ejemplares.

¿Qué tiene de novedad un tema tan antiguo?
Algunos temas merecen nuestra atención y estudio por su importancia. La novedad de esta tesis se encuentra en la perspectiva desde la que la abarco.

¿Qué pretende demostrar con su tesis doctoral?
Al inicio de mis estudios me di cuenta de la gran diferencia que existe entre las cartas y escritos de san Marcelino y la presentación que hace de él el H. Juan Bautista en la biografía. Mi tesis, a través del hallazgo de cerca de 800 citas, de diferentes autores espirituales de la época, viene a demostrar que el Fundador no dejó a su Instituto un cuerpo doctrinal que justifique su carisma, sino que el biógrafo tomó la doctrina prestada de estos autores para el Instituto.

Si no podemos hablar de un cuerpo doctrinal, ¿cómo definiría su espíritu?
Sí, es cierto que san Marcelino más que una doctrina lo que deja a su Instituto y a la Iglesia es un espíritu caracterizado por la sencillez. Este hecho no debería sorprendernos porque ya han existido en la Iglesia figuras tan importantes como san Francisco de Asís o, más recientemente, Teresa de Calcuta, que no han dejado doctrina a sus seguidores, sino un espíritu, un modo de vivir el seguimiento de Cristo.

La sencillez: ¿es una cualidad psicológica o más bien se trata de una virtud religiosa?
Yo estudio la sencillez en Marcelino principalmente como una virtud de fe cuyas característica principal es un trato inmediato con Dios a través de una oración refleja y espontánea. Justamente esta virtud hace que nuestro personaje tenga un trato fácil con los hombres, como fruto de la gracia y no solamente como una cualidad innata de su carácter. De ahí que sea necesario el trabajo personal para la adquisición de esta virtud.

Usted interpreta de otra manera expresiones clásicas como “Todo a Jesús por María...”, “los tres primeros puestos”, “María nuestro Recurso Ordinario”, “la presencia de Dios”, “buenos cristianos y honrados ciudadanos”... ¿Cómo debemos entenderlos a la luz de su estudio?
Es cierto que los hallazgos de las fuentes de autores nos dan pruebas muy sólidas sobre el modo cómo el biógrafo realizó la biografía. Así, la doctrina que pensábamos que venía directamente de Marcelino son apropiaciones del biógrafo, tomadas de autores.
Otro ejemplo es la divisa que hasta hoy pensábamos como original del Santo: “Todo a Jesús por María, todo a María para Jesús” es una cita textual de Aubriot, en una obra de 1808. La verdad es que la frase no aparece nunca en sus escritos. Se trata de una fórmula demasiado complicada para un hombre sencillo. Una divisa exige una fórmula bien pensada y usada en los momentos y documentos más solemnes. Entonces hemos de hablar de la divisa ya conocida: “Todo a la mayor gloria de Dios, y honor de la Augusta Madre María, madre de nuestro Señor Jesucristo”.
Lo mismo podemos decir de la advocación “Recurso Ordinario” que el biógrafo la sitúa como “su expresión favorita.” En realidad, Champagnat no sólo no tiene esta expresión en sus escritos sino que he encontrado la advocación en Aubriot y en un librito del mes de mayo de 1818 muy usado en La Valla. La advocación que el Fundador emplea con más naturalidad en sus escritos es “buena Madre.” Esta expresión va muy en consonancia con las relaciones filiales que el Santo establece con María.
El biógrafo presenta también “los tres primeros puestos,” cuna, cruz y altar, resaltando la “devoción particular” que Marcelino tenía al Niño Jesús. Se trata de un dato que no tiene bases históricas porque las diversas cartas de Navidad que conservamos del Santo no hablan para nada de esta devoción ni tampoco la Regla del Fundador de 1837 deja constancia de este hecho.
Con referencia a “la presencia de Dios” es cierto que es un tema de mucha importancia para nuestra espiritualidad marista. Sin embargo, el H. Juan Bautista no ha tenido el acierto de otros temas de la biografía. Hoy día nos encontramos con dificultades para transmitirlo según él lo explica. Así la fórmula “Dios me ve” resulta inadecuada por el moralismo y la rigidez que da al método. Champagnat accede a la presencia de Dios de manera espontánea, en muchas ocasiones a través del garabateo de la expresión: “Vos lo sabéis, Dios mío”, que es una fórmula directa y personal para dirigirse a Dios.
Finalmente el lema educativo “buenos cristianos y honrados ciudadanos” vuelve a ser una apropiación del biógrafo que, modificando ligeramente la fórmula de los Hermanos de la Salle (buenos cristianos y buenos ciudadanos) lo transforma en un lema propio marista. Champagnat, citando textualmente a los Hermanos de las Escuelas Cristianas, lo acepta sin ningún tipo de problemas para su Instituto.

Entonces, ¿cuáles son los tres ejes básicos de la espiritualidad de san Marcelino?
El seguimiento de Cristo, nuestro “divino modelo” enseñando a los niños, se presenta como el primer eje de la espiritualidad de san Marcelino. La imitación y el seguimiento de Cristo es el fundamento de su espiritualidad, confirmado con expresiones tan radicales como éstas: “Que Jesús y María sean siempre su único tesoro”, “Que Jesús y María sean siempre su único todo.”
El segundo eje de esta espiritualidad es su amor a María. Champagnat tiene la característica de unir siempre su nombre al de Jesús, con una expresión muy clarificadora que dice: “Sin María no somos nada y con María lo tenemos todo porque María tiene siempre a su adorable Hijo entre sus brazos o en su corazón”. Esta expresión se puede considerar como la fórmula que fundamentaría el culto mariano de san Marcelino.
El tercer eje es su confianza y abandono en Dios teniendo en el “Nisi Dominus” (Salmo 127) la fórmula oracional de abandono que más le caracterizó. Champagnat, sobre todo a partir de 1826, logra estar continuamente en un estado de indiferencia y de querer sólo lo que Dios quiere, como puede verse en expresiones continuas de sus cartas: “Bendito sea Dios”, “Hágase su voluntad”. San Marcelino, debido a su carácter muy activo y a su gran celo apostólico, sufre una fuerte tensión obras-abandono, y encuentra la solución de este dilema en el equilibrio: se hace lo que se puede y cuando no se llega a más se abandona a Dios: “Descansaré en el Señor y en su santísima Madre”.

¿En qué medida esta espiritualidad sirve sólo para los hermanos o también para los laicos, hombres y mujeres?
Digamos que la figura de Marcelino puede verse desde un doble nivel. Como Fundador, los hermanos tienen una gran riqueza en el carisma de vida religiosa que suscitó en la Iglesia. Y la Iglesia, al presentarlo como santo en 1999, ratifica que el modo peculiar que él tuvo de seguir a Cristo sirve también para que muchos cristianos, a través de él, vivan con mayor lucidez este seguimiento, principalmente a través de la sencillez.

Según las conclusiones de su tesis, ¿tendríamos que cambiar alguna cosa en el Instituto marista para ser más fieles al carisma fundacional?
Mi estudio se centra en san Marcelino y en el carisma que él dejó hasta 1840 con su muerte. No he hecho una reflexión sobre una actualización adecuada. Ciertamente, después de este estudio, surgen preguntas como éstas: ¿Cómo vivir hoy la sencillez a través de una vida pobre y de “tener todo en común” como lo hicieron los primeros hermanos? ¿Cómo plantear hoy nuestra obediencia religiosa para que siga conservando los elementos ignacianos con los que la caracterizó el Fundador?

¿Qué nuevos horizontes se abren a partir de su investigación?
Esta tesis demuestra que mucha de la doctrina que el biógrafo atribuye a san Marcelino tiene su origen en fuentes de autores de la época. Es necesario devolver a los escritos del Santo la importancia que merecen, porque, si usamos las expresiones de autores, no estamos hablando de nuestro Fundador sino de otros.

3368 visitas